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miércoles, 11 de mayo de 2016

10 años del blog

 Pasaron 10 años desde que se inició este blog. 10 años y cinco días, para ser más exacto. En buena parte, la necesidad de expresarme, de sacar de mi algunas ideas que revoloteaban en mi cabeza entonces me llevaron a ocupar este medio, tan enboga en ese tan aparentemente lejano entonces.

Una de las semillas con que inició el blog fue fruto de mi propio proceso de crecimiento personal en un proceso terapéutico que abordé entonces. Escribía ese 6 de mayo de 2006, a las 11:30 de la noche:

"He decidido al fin iniciar mi blog como un modo de mantenerme alejado de los malos pensamientos. Es decir, si estos están a treinta centímetros de mi cabeza, deben ser menos peligrosos que tenerlos medio kilogramo adentro. Ojalá y mis amables lectores tengan paciencia para conmigo en este proceso de mostrar el convertimiento en persona."

Días atrás platicaba en diferentes momentos sobre la riqueza de ese proceso terapéutico, en una ocasión recomendándole a alguien que si podía, se diera la oportunidad de vivir esa experiencia; en otra, hablaba sobre cómo cosas que había abordado en medio del proceso se habían venido a concretar años después, las había enfrentado ya en la realidad muchos años más tarde y no en medio de la seguridad de eso a lo que llamo relación de puerto que se da en el ámbito de la psicoterapia: estás vos, navegante y buzo, y el terapeuta como puerto, boya y faro, ayudándote en el proceso de entrar en la profundidad de tu experiencia vital, de tus tormentas, de tus profundidades. Estás navegando con la única certeza de tu deseo y ese apoyo seguro en medio del océano de vos mismo.

En mi caso, la terapia ofrecía la oportunidad de abordar temas fuertes de mi propia experiencia, de entonces y del pasado, de cosas que habrían de venir y pasaron. El blog fue entonces una manera de ir amarrando tantas otras. ¿Cuantas veces quedaron ideas como borrador,  como cosas que no ponía acá pero se iban al sillón donde semana a semana me veía con mi terapeuta? ¿Cuántas veces tras contar un episodio como el de volver a mi comunidad de la iglesia, encerraba toda una historia de mi relación con otras cosas de mi fe? ¿Cuántas veces tras unos versos o un cuento se iban cientos de otros que pudiera haber puesto? ¿Cuántas veces, tras un post sobre "realidad nacional" me quedé con cosas que me carcomían pero que iba aprendiendo a no soltar en el blog?

En algún momento caí en cuenta que lo mejor era apartar las vertientes que iban manifestándose en el blog y pasé a escribir lo personal, lo literario en otro espacio, Un Tal Self. Acá quedó para hablar de lo que iba pasando en el país. esa es la otra semilla: querer decir lo que pienso, querer aportar desde lo que tengo, mi palabra. Nunca he sabido de dónde o cómo surgió esa gana de decir algo sobre lo que pasaba. Nunca he sabido cómo es que me surge el interés por lo que pasaba en el país o cómo va creciendo en mí alguna suerte de conciencia política. En los ámbitos donde crecí no era un tema habitual y en casa, el sujeto más politizado - mi papá - tampoco pasaba tanto tiempo hablando de eso con nosotros, al menos cuando estuve pequeño. Como fuere, aparece y está ahí.

Finalmente está la otra semilla: lo literario. Desde mis primeros poemas (que alguna vez compartí acá una digitalización de unos versos que escribí a mi papá en una carta), mis edulcoradísimos escritos de la adolescencia hasta mis ideas que ahora se traspapelan en mi mente bajo las siempre urgentes responsabilidades, siempre hubo en mi ese afán, ese amor por la palabra, por decirlas, por enlazarlas, por hacerlas historias, versos. El afán de expresarme estuvo ahí y sigue estando.

El tiempo ha cambiado en diez años. Hoy este texto no sería leído por alguien como Julia, quien en su adolescencia leyó alguno de mis post y se sintió identificada con cosas que yo decía o aquel joven a quien escribí dos posts sobre cómo elegí ser psicólogo siendo fiel a mí mismo. Este texto, para estos tiempos, es demasiado.

Hoy va de fotos con, a lo mucho, dos líneas. De videos de 10 a 30 segundos. De tener más likes, favs y retweets. En su momento, yo mismo he sido un early adopter de muchas de esas plataformas para conectarnos con más gente que nunca y aligerar lo más posible el contenido. En diez años de vida online he visto volverse un monstruo de influencia a facebook y twitter, a que el almacenamiento ilimitado hoy sea algo que damos por hecho en servicios "gratuitos", a que el contenido de estos espacios debe pensarse hoy en función de cómo se leerá en un teléfono y a que la iniciativa de conocerse con otra gente que publicaba cosas en línea hoy ya no es algo que deba hacerse en secreto y con gigantescas suspicacias entre todo el mundo.

Yo mismo he cambiado en diez años. Pasé de ser estudiante con dudas sobre su futuro a un trabajador que ha tenido el privilegio de atravesarse en algunos de los temás más cruciales de este país en su quehacer profesional. A haber visto cómo se ha avanzado mucho y cómo se ha caído mucho en tan poco tiempo en la patria. He pasado a vivir con la eterna y acuciante pregunta de cómo construir juntos esperanza y futuro.

El ejercicio de poner mis ideas acá me ha servido cientos de veces. El ejercicio de concretar acá algunos de mis procesos personales me ha sido terriblemente útil y quizá hasta haya salvado mi vida de ir por otros rumbos. Es lindo pensar en la gente maravillosa que he conocido por este rumbo, gente que he visto crecer y me han visto crecer en este tiempo. Es lindo ver cómo acá he venido casi 400 veces a escribir algo, a decir algo a pesar de las eternas dudas de quién leerá.

Hoy mismo, después de estar sin escribir acá por casi un año, es bueno volver y robarme tiempo para escribir estos párrafos. No tengo tanto tiempo como antes, pero la gana de decir tres o cuatro carambadas apra que no se queden medio kilogramo adentro de mis conexiones neuronales sigue siendo válido y necesario. Y es grande estar vivo para poder hacer esto.

Víctor

miércoles, 6 de mayo de 2015

9 años

Una noche hace nueve años empecé este blog como un intento de desahogo, de vaciar ideas rondando en mi cabeza. Decía entonces que sería más seguro tenerlas acá, en la virtualidad, que medio kilogramo dentro de mi cabeza.

Lo que empezó como una suerte de catarsis pasó a ser un espacio para opinar de la realidad, recordar a personas que me parece necesario tener en la memoria, para preguntarme, para proponer dos o tres cosas. En fin, para ejercer mi derecho a hablar, a que quede constancia de que mi paso por el mundo no fue una mera actuación.

Escribir Alta Hora me llevó a muchas cosas: participar activamente en redes sociales, a abrir otros blogs , a participar de experimentos colectivos, a conocer a gente desde esta virtualidad al clásico cara a cara, entre tantas otras. Más que nada, a dejar constancia de lo que decía en esa entrada. mi convertimiento en persona. En nueve años de llevar este blog, a veces más constante, otras tantas menos, puedo mapear diversos momentos de mi vida, algunos más felices, otros menos. Y ahí quedará mientras siga funcionando el servicio.

Hoy, que mi vida ha cambiado tanto desde aquel 5 de mayo, que dentro de las incertezas de esta vida todo parece irse encaminando en ciertos aspectos de mi vida, tengo este espacio (y mi otro blog, que debió surgir para lo que no iba cabiendo acá) para  recordar aquellos momentos en donde mucho parecía no estar claro.

Hoy son otras cosas las que me inquietan. Como entonces, es mejor dejar constancia de ellas acá, mientras medio kilogramo adentro de mi cabeza puedo cavilar sobre el privilegio hermoso de esta vida y el chance de hacer algo significativo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

33, unos apuntes

Los treinta y tres. Inevitable relacionarlo con la edad del buen Jesús y con una suerte de numerología que indicaría que uno ya ha alcanzado cierto punto. La expectativa de la sociedad es así: tenés que tener un cierto éxito, haber hecho esto, tener aquello y esto otro. Pendejadas.

***

Sé que no soy indispensable. Que soy único, irrepetible. Que intento ser bueno, hacer lo correcto o mi versión de lo que creo correcto, que es más honesto. Que el humano que he construido hasta el día de hoy me cae bastante bien. Lo veo al espejo y de frente puedo escudriñar su mirada con honesto aprecio. Lo miro y miro su historia y soy capaz de recorrer las múltiples e infinitésimas razones por las que es y está así. Y soy y estoy agradecido por cada una de ellas. El buen Dios, esa fuerza detrás de todo y a quien he ido aprendiendo a aceptar en su insondable voluntad y su absoluta misericordia  me ha concedido cientos, miles de razones para estar ahí, con el corazón caliente a pesar de ver la inmundicia rodeándo(me)(nos).

Soy un privilegiado. He recibido y sigo recibiendo tanto desde tantas partes y apenas puedo digerirlo. Dia a día veo la maravilla de la gente que me quiere, la gente que me recuerda, la gente que estuvo y que me ha olvidado. La gente que a pesar de mis yerros sigue teniendo el abrazo abierto para cuando me atrevo a volver.

Soy un privilegiado. Por eso digo que son pendejadas las expectativas del apartado previo. Mi éxito es poder verme a los ojos. Poder abrir los brazos y dar el mejor abrazo que puedo dar. Ver a mi familia más grande y aún junta. Poder abrir la mano y encontrar la mano de la Bea para seguir caminando. Poder ver a los amigos y saber que alguna vez, algún día recordarán mi nombre con un poco de dulzura, con tantito aprecio. Que alguna vez ayudé queriendo o sin quererlo a cambiar la vida de alguien, a que se sintiera acompañado, comprendido, querido o reafirmado. Saber que alguien siente o sintió en mi, un día, un momento, un segundo, un poco de esperanza.

Eso. Saber que un día caminé por el mundo, por sus vidas y que valió - al menos por un segundo - la pena.

Gracias



Acá, queda una lista con algunas de las músicas sentidas en estos 33 años.

jueves, 10 de octubre de 2013

Héctor y la Niña Blanca

Llegué veinte minutos después de la hora de entrada. Si vuelven a llamar la atención por las llegadas tarde, me miraré desde fuera con desdén, sabiéndome culpable. Pero eso es otra historia. Hoy vengo a hablar de Héctor y la niña Blanca. Y de ser psicólogo.

Luego de saludar a la gente que había venido desde Sonsonate a solidarizarse con la familia de Héctor, ví que en la sala de entrada estaba la niña Blanca.  Ella, mujer menuda, pasando quizá de los cincuenta, proveniente de uno de los lugares más "calientes" en los últimos años en cuanto a la violencia y las pandillas - San José Las Flores, en Tonacatepeque - , agente de la pastoral de Derechos Humanos de su parroquia y antes que nada, una mujer cachimbona.

La saludé. En su cara se veía patente el dolor, dolor por la repentina muerte de Héctor,  dolor por el repentino cierre de Tutela, dolor por la decepción hacia la jerarquía, dolor por otro golpe más que recibe en su camino de entrega a los demás.

[Ser agente de pastoral de Derechos Humanos, como la Niña Blanca o defensor de derechos humanos, como Héctor, es una historia de golpes]

La Niña Blanca me abrazó fuerte. No es lo normal entre nosotros, pero era normal esta vez.  Hablamos de Héctor, y su huella en los años que acompañó a la gente de esa parroquia, de cómo les había ayudado a levantar ese trabajo tan difícil que es volverse un defensor de derechos humanos, un defensor de los jóvenes, en especial. Me habló de cómo Héctor les había ayudado a organizarse, a planificar, a permitirse soñar.

En algún momento me contó la historia de este muchacho que le pedía ahora a ella que les ayudara a conseguir un espacio donde pudieran estar junto a los demás, sin sentirse discriminados, sin sentirse amenazados. Le dije que me llamaba la atención cómo seguramente en algún momento ella había sido como ese muchacho, pidiendo a la gente de Tutela ayuda y cómo ahora, con el trabajo que habían hecho con Héctor era ella quien se volvía la persona en quien los jóvenes se sentían con confianza de contarles, de pedirles ayuda para realizar un sueño.

Le hablé a la niña Blanca de aquel sobador del pueblo, quien había aprendido de su papá - que también fue sobador, igual a su papá -  a que había que ponerse miel en los golpes. Lo más dulce ahí donde más duele. Las palabras, el estar, el acompañar, el quedarse ahí, es miel en el golpe. Le decía a ella cómo había que darnos permiso de sentir para poder seguir adelante, para que no nos cayera una losa encima que no nos dejara sentir, porque la sensibilidad hacia los demás es lo más importante cuando uno quiere defender esos derechos tan fácilmente atropellables.

[El arzobispo cerró Tutela una semana atrás. Como ocurre con quienes se hunden en un pantano o en arenas movedizas, entre más movimientos y entre más tiempo pasa, más se hunde.]

Me decía la niña Blanca  que ojalá esta crisis fuera un momento que hiciera despertar a quienes están dormidos. A quienes se fueron quedando callados. A quienes solo fueron viendo cómo se ha ido sacando la historia de sangre y testimonio de los libros de la historia oficial de la Iglesia católica salvadoreña. A quienes se indignaron calladitos cuando borraron murales y otros testimoniales de los mártires - laicos y religiosos -, cuando prohibieron los cantos de la misa salvadoreña, cuando fueron acabando con las comunidades eclesiales de base, cuando fueron suavizando los contenidos de doctrina social, cuando fueron metiendo más y más aquellas ideas de que el cristiano no se mete en política - excepto cuando sea para meter una agenda ultraconservadora como algo universal - , cuando fueron cambiando el significado de caridad como algo compartido horizontalmente entre los que sufren a algo que se da desde arriba hacia abajo, desde el que tiene (autoridad, poder, pisto, sobras) hacia el que no tiene más que motivos para dar lástima.

Mientras hablaba sobre lo difícil que era recibir golpe tras golpe en ese trabajo que hace voluntariamente, movida por su fe y su sensibilidad, la niña Blanca me dibujó clarito el concepto de resiliencia: vamos a seguir luchando, porque es justo, porque los jóvenes y el resto de la comunidad lo merecen, por Héctor, por el resto de compañeros de Tutela que les han acompañado y creído en ellos, en que pueden organizarse y luchar por hacer de sus comunidades lugares mejores, en que pueden hablar y convencer de algo bueno a las autoridades oficiales y a los pandilleros, en que a pesar de todas las cosas en contra, vale la pena seguir trabajando.

Mientras veía a la familia de Héctor llorar en el cementerio pensaba en como uno se multiplica. Cómo quien se entrega a servir a los demás, a pesar de sus yerros, de sus carencias, se multiplica, se crece, se queda. Héctor sufrió tortura y exilio, volvió al país a seguir trabajando en la defensa de derechos humanos y esa fue la convicción que le hizo seguir adelante. Como todas las personas que dejan huellas, uno se queda preguntando cuántas cosas más se podrían lograr si no hubiera partido. Como todas las personas que dejan huella, uno se da cuenta del enorme espacio que ocupaban aunque no se hicieran notar. Quizá Héctor no notase cuánta falta hacía, pero necesitaba estar de vuelta ahí, haciendo lo que sabía que era importante. Y así dejó huella.

Ver los ojos de la niña Blanca afirmar que detrás del dolor venía la fuerza de seguir adelante, que a pesar de arzobispos, elecciones, treguas, falta de financiamiento, incomprensión, enfermedades, discriminación, cierres, golpes y más golpes, seguirán adelante hasta que alguien más tome su lugar, da esperanza.

En algún momento, ella me dijo que estaba preocupada unos días atrás porque no tenían quien diera unas charlas a los jóvenes, charlas sobre cosas de las que los psicólogos solemos hablar: autoestima, relaciones personales, autocontrol y esas cosas que muchos ven como poco importantes. Me dijo que Dios no la había desamparado: había conseguido un psicólogo que le iba a ayudar a dar esos temas y otros más. Que era importante, que ella y el padre sabían que eso era importante. Terminamos de hablar poco después de eso. Nuevamente nos abrazamos fuerte. Hay que seguir adelante.

Víctor


P.D.:

* Sirva este texto para dejar constancia de mi admiración y respeto por la persona que fue Héctor Rivera, ex trabajador de Tutela, defensor de derechos humanos, quien al momento del cierre abrupto de dicha instancia, se encontraba hospitalizado. Triste su partida, triste que gente como él vayan siendo menos. Triste que este golpe caiga sobre los compañeros de Tutela Legal en esta circunstancia tan jodida. Desde acá mi condolencia a la familia y mi solidaridad con los compañeros de Tutela en su búsqueda de justicia ante una decisión tan oscura y unas acciones tan deleznables.

** Hoy, 10 de octubre, es el día de la psicología en El Salvador, y el de la salud mental en el mundo. Los nosécuantos minutos que me quedé con la Niña Blanca, escuchando y hablando valieron como la más grande felicitación de la vida por haber elegido ser psicólogo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Órbita 32

Aquí inició esta enumeración
Lleno de agradecimiento, inició mi vuelta 32 en este planeta que anda papaloteando por el universo alrededor del sol. He pensado muchas cosas qué decir, qué dejar dicho en estas líneas que vengo dejando desde hace ratos. Ayer, empecé a recorrer velozmente esas 31 órbitas previas, y vi tantas cosas por las que sentirme agradecido, y he querido compartirlas: 
  1. por estar vivo, a pesar de mis enfermedades, mis malas decisiones y mis descuidos
  2. por tener comida en un mundo donde gran parte de las personas se van a dormir sin haber comido algo en el día, 
  3. por no haber perecido víctima de la violencia que se lleva a tanta gente menor de 30 años en este país y en este contienente, 
  4. de haber completado mis estudios universitarios cuando muchos no completan ni los primeros 9 años de educación básicas, 
  5. de tener un trabajo que me gusta cuando muchos se ven obligados a hacer lo que pueden para apenas sobrevivir, 
  6. de tener una familia que me ama y me celebra con pastel y una cena deliciosa cuando algunos no conocen quien es su verdadera familia o se ven arrojados a una falsedad de familia que les cobra con la muerte,
  7. por tener una cama grande y un cuarto cuando mucha gente se arrincona en las calles buscando un lugar donde no se les moje tanto la espalda cuando llueve
  8. por poder bañarme con agua del chorro y tomar agua filtrada cuando siento sed, sabiendo que hay muchos que tienen que recorrer grandes distancias para tener agua con qué bañarse y que se exponen a muchas enfermedades por el agua contaminada que toman
  9. por poder ir construyendo una historia hermosa junto a una gran mujer, cuando muchos y muchas sucumben ante la soledad y optan por apagar su vida rápida o lentamente
  10. por la gente que puedo llamar amigo o amiga, porque han sido motivos para seguir viviendo en medio de tanta locura que uno encuentra en el mundo
  11. por los jóvenes con que he trabajado a lo largo de mi vida, en medio de quienes encontré mi vocación 
  12. por el ejemplo de ética y compromiso de mis papás, que me ha iluminado el camino por donde he de conducirme como profesional y como persona
  13. por la alegría de mi abuelo, que antes de partir me enseñó que lo conveniente es volver a ser en mucho, un niño
  14. por mi abuela, que me demostró que uno se queda acá al morir: entregándose a los demás uno deja un poco de sí en cada uno
  15. por la Maya, mis pericos, la Canela, Nerón, Rufo, Juguete, Capitán, Oso, mis peces, las tortugas y mis otros compañeros de viaje no humanos, que me han alegrado tanto el camino y me han dado algunas de las más grandes lecciones de humanidad en su lenguaje 
  16. por los profesores que marcaron mi camino con su ejemplo a la par que sus conocimientos
  17. por la gente que conocí en aquellas comunidades que visité entre el 2000 y el 2005, que tanto marcaron mi camino y mi vocación
  18. por los compañeros y compañeras de trabajo que tengo y he tenido, que sin darse cuenta me enseñan y me han enseñado tanto sobre mí mismo y sobre lo que puedo y debo hacer
  19. por los sacerdotes y laicos que he conocido en mi andar por este mundo y que hacen que se mantenga viva la llama de la esperanza 
  20. por la gente que conocí en Brasil, compañeros y compañeras de camino y compromiso, hermanos y hermanas sin fronteras
  21. por la gente que estuvo conmigo en EJE y EPRE y que aún sigue estando en mi vida hasta hoy aunque sea virtualmente
  22. por los mártires del caminar, por Nacho, Ellacu, por Rutilio, por Cosme, por Mons. Gerardi, por Jon, por María Julia y por Rufina
  23. por el papa Chico, que ahí me va dando pequeños motivos para la esperanza
  24. por el rock, por el blues, por la trova, por el jazz, por la bossa, por la música clásica, por la novena de Ludwig Van, el Dark Side of The Moon, por la 1812, por la obertura de Die Walkure, por los solos de Jimi y de Stevie Ray Vaughan, por el A Love Supreme, por el Nessun Dorma en voz de Pavarotti, por el Patria Chiquita Mía
  25. por los cantos de la Misa Salvadoreña y de la misa popular nicaragüense, por el vos sos el Dios de los pobres, por el Andando de tu mano, por el Padre Nosso de los mártires, por el "trabajo, templanza" del himno salesiano, por el "vamos todos al banquete, a la mesa de la creación, cada cual con su taburete tiene un puesto y una misión" de Rutilio
  26. por las pupusas, por la semita alta, por la quesadilla de mi abuela, por los tamales de chipilín con queso, por los tamales pisques, por la lonja empanizada, por el puré de papas, por la tortilla tostada, por los frijoles molidos con crema, por la cuajada de terrón, por la leche con vainilla que me hacía Mamá Rosa, por los rellenos de pescado con masa de Rufina, por el agua de aquel nacimiento en Perquín y los mangos en el camino a Los Encuentros, por las hojas de jocote con sal, limón y chile chiltepe,  
  27. por los vientos de octubre, por la lluvia de domingo por la tarde, por la neblina de estas mañanas, por las puestas de sol tras estos cerros, por el sonido de la vida en los manglares, por las cosas vivas que se oyen en el campo, por los miles de tonos de verde que solo se aprecian cuando hay nubes, por el olor a la tierra recién mojada, por el olor del ciprés y del ocote
  28. por la psicología de la liberación, por la teología de la liberación, por los cuadros de Dalí, por los Cuentos de cipotes, por Andanzas y Malandanzas, por Los Estados Sobrenaturales, por Girondo, por Roque, por Whitman, por Saramago, por Hesse, por Merton
  29. por la gente que he conocido en internet y que se me han metido en el corazón y en la vida para volverse parte de ella
  30. por Tambo, que sigue estando ahí, presente
  31. por esas personas esenciales, por esas a las que vuelvo aunque sea tarde, para las que siempre habrá un abrazo, por las que son mi familia por elección: por la Bea que será -primero Dios - mi esposa, por Guidos, Mario, Manolo, Ligia, el Gabo, Daysi, Peña, Saúl, Laura, Gerardo, Hugo, Luis, Uli, Raúl, Silvia, Marielos, Virginia, Curbe, la Vero 
  32. por Vos, Señor y las señales de tu amor, por las que he enumerado y las que no, por el regalo de haber estado en un lugar tan lleno de significado en ese día, por haber vivido tantas cosas en este tiempo que me has permitido. Soy un privilegiado. 

Víctor

martes, 6 de agosto de 2013

Apuntes de viaje (primera parte: JMJ Río 2013)


Un viaje, cuando es viaje, te transforma. No volvés igual. Y cuando es viaje, no es una experiencia lineal, si no un cúmulo de sucesos que se contraponen, que se resumen y se suman entre sí haciéndose algo mucho, mucho más grande.

La gente te suena a un viejo horizonte y/o te abre uno nuevo. Es así. La familia con que crecés te suena a esa familia que viste por la rendija mientras caminabas rumbo a esa pequeña iglesia, pero la familia que te dio el cuarto de su hijo para dormir, o la familia que conociste de tu compañero de cuarto te abre una dimensión distinta.

No es igual pero algo parecido ocurre con lo que no es persona, los lugares, los sabores, los olores nuevos. Vas a por ellos con la sensación del sabueso que va intentando descubrir la impronta de lo conocido asomándose ahí donde no sabe si debía meter las narices. Una comida, una bebida nombrada distinto y se cae el esquema con el que venías, y queda decir a todo si, venga, bienvenido mundo nuevo, destrócenme mis preconceptos. Y así acaba uno por comer una pizza delgada con guineo, un pedazo de queso con una jalea de guayaba o un café en una copa de vino.

No vengo igual. Por ende, fue viaje. No esperen encontrar una relatoría cronológica de cosas. Son sensaciones a la distancia suficiente como para saber que fueron reales y que no son idealizaciones instantáneas de algo que es mucho menos que eso. Son opiniones de alguien que estuvo ahí sin buscarlo, y que se emociona por el caminar antes que por el destino. Voy del final al principio.

JMJ Río 2013

Río fue frío para este hombre acostumbrado a los 30 y pico de grados con que me recibió Comalapa al volver. Las calles de Río se volvían interminables bajo la atmósfera que bien parecería de un Londres trasladado al trópico. Menos de veinte grados y una llovizna delicada, casi sensual en su manera de meterse bajo los poros de la ropa, trasladando esas temperaturas a la mitad de lo que estoy acostumbrado. Trasladarse en grandes grupos, más pendiente de no perder al compañero que de detenerse a ver la gente, los colores, las cosas. Río fue vértigo y masas moviéndose por todas partes saludándose y gritando hurras por estar ahí convocados por el mismo hombre (valga decir que el grito de batalla era "ésta es la juventud del papa").

Río fue ver jóvenes donde sea y preguntarse cuantos de ellos habrán despertado o serían despertados a un panorama más amplio que el de la mayoría, un panorama desde las complicadas fronteras y no desde la segura y acogedora cotidianeidad y tradición. Fue pensar que la masa es masa siempre, sin importar qué les convoca y es que si bien el fondo cambia, la forma es lo saliente, y al ver filas, interminables filas de gente, movidas desde todos los confines de la tierra por algo que es más que quienes organizan eso que huele a una demostración de fuerza, de músculo.

Valga decir, que se mantiene uno consciente: Sos y fuiste parte de esa masa que se ha movido hasta colapsar una ciudad que se mueve con la cadencia del mar que la baña, con el ritmo de su interminable samba y la suave sensualidad de su eterna bossa nova. Pero creés ser parte aparte. Intentás entender, captar, porqué estás en medio de todo eso, como observador participante, distante en medio de aquel tumulto, de aquella masa. Te ha movido las circunstancias de Aquel que lo mueve todo hasta donde estás hoy, en medio de juventudes que caminan cantando, sintiéndose bendecidos por formar parte de algo que es más grande que todos ellos cuando ya eran parte de ese algo que era más grande que todo eso.

Con todo, yo no le terminé de encontrar el gusto al evento. Quizá porque no soy de los que estando en el evento pensaron que está in ser católico, de los que se relamían recordando a aquellos que nos dicen que no es cool ser parte de esta institución social. Eso sí, hay que decirlo, el evento fue algo enorme e histórico, al cuerpo místico no le da por sustituir con peregrinos y peregrinas las arenas de una playa famosa todos los días (Valga decirlo, que el peregrino, en parte, es una imagen paradójicamente cercana a lo que la misma institución critica - la falta de profundidad, de implicación, lo light -, pues es alguien que va de paso).

Lo que yo imaginaba del evento en Río es bastante de lo que fue. ¿Profecía autocumplida? Quizá. Pero vi lo que vi. Una especie de partido en diferido, conociendo ya el resultado. Mucha manifestación de grupos pro-vida, mucha propaganda de los sectores más conservadores, distanciamiento de la oficialidad de manifestaciones de las expresiones más progresistas o populares, cero mención a los mártires (porque asusta un poco a la gente, me dijo alguien en el stand de los jesuitas en la Feria Vocacional al comentarle que esperaba ver en alguna parte la foto de los mártires de la UCA) y mucha emoción, mucha, mucha emoción. Eso sí, el Papa marcó una diferencia en su discurso. Y eso ha sido lluvia en medio del desierto.

¿Es mala la emoción? ¿Es malo vivir la fe que uno profesa, de la manera que uno cree correcta y emocionarse mucho? No tengo una respuesta concluyente. Lo que creo es que hay que trascender de la emoción. En Río vi tantas cosas, y lo que me quedan son preguntas que el tiempo habrá de responder. Vi testimonios de jóvenes diciendo que la peregrinación les había cambiado la vida, que era un milagro estar ahí, etcétera. También ví otros jóvenes que veían con preocupaciónque la peregrinación ocultara la cara que vive la juventud ahí y en otras partes: violencia, migración forzada, exterminio, pobreza, marginación. etc. Jóvenes que buscan en su espiritualidad un acicate para no desmayar en la defensa de los derechos de los más débiles, para iluminar hacia donde quieren que se lleve la patria de la que son el aquí y el ahora. Jóvenes que para mí son emoción y esperanza.


Lástima que no puedo verles a todos algunos aaños más tarde, preguntarles que ha sido de su vida después. Sé que el mensaje del Papa ha sido distinto al de los anteriores y que a algunos ha causado escozor (especialmente lo de "hacer lío"), y lo que de él resuene dependerá mucho de lo que cada quien elija y en qué manera persevere en hacer caso a ese mensaje. Porque, uno sabe por experiencia propia y por los años vividos con otros jóvenes, que el seguimiento es lo complicado. Y es que de la emoción juvenil al compromiso no siempre hay un paso de distancia. Y, si lo sabré yo al primero.

 La verdadera jornada viene ahora, que ya casi todo el mundo dejó Río y volvió a sus casas, a sus parroquias y a sus Diócesis con sus obispos y sacerdotes de los más distintos talantes. El tiempo dictará sentencia y dirá si de verdad nos atrevimos a hacer lío y a ponerle una cara distinta a la Iglesia. Las preguntas están en el aire: ¿Cuanta huella dejó la Jornada? ¿Qué tanto crecimos en nuestra fe y compromiso quienes participamos en ella? ¿Cuántos saldremos a las periferias de nuestro mundo al encuentro del hermano y la hermana más jodido?¿Cuán conscientes somos de que no se trata de si ser católico es cool o no, si no de cómo ese amor por el que debemos caracterizarnos hace la diferencia en un mundo cada vez más indiferente?

Sé que hay algunos que ya van por esas calles llenas de lodo y sangre. Los vi. A ver cuántos se atreven a ensanchar su camino y se atreven a ir por esas calles hacia la periferia y le hacen un lío a un mundo que agoniza.

Víctor

domingo, 26 de mayo de 2013

Hablarles de vos, Tambo

Tambo:

Son nueve años desde que te apuraron a balazos a la casa del Padre y Madre nuestro. Eras un niño.

Yo me empeño en no olvidar tu muerte, en que en un padacito de ese mundo virtual que nos seguirá acompañando esté Ernesto Miguel Ávila Mártir, que se sepa que duele, que me duele la muerte de un joven amigo que quería hacer algo diferente. Quizá con los años se me vaya olvidando cómo recuerde tu cara y solo tenga las fotos, quizá tu voz se me olvide un poco cómo sonaba. Pero queda acá esto para no olvidar no la esencia, queda lo que uno quiere recordar, lo que uno no olvida. Tu animosidad por ir a las comunidades, tu gana de pasarla bien en medio de la gente, tu juventud vuelta semilla y fruto.

El viernes salí tarde de trabajar. Tuve una reunión larga en la que al final me tocó escuchar y aconsejar a un joven con que trabajo. Es otro joven que quiere hacer algo bueno. Tiene esa misma energía tuya, esa misma picardía de bicho llegando a su segunda década de vida. Tiene el mundo por delante y se mueve en esos lugares adonde seguramente estarías trabajando.

Cuando llegué a casa encontré en mi bandeja un correo de tu mamá, recordándome que estamos cerca de otro año más de tu partida a la casa de todos. Imagino que ella leerá estas líneas. Yo no sabía que las encontró alguna vez, creo que vos la llevaste a encontrarse con ellas y que supiera que alguien al otro lado de la ciudad también te recuerda. Hoy quiero que sepa que cuando he hablado con este cipote, he querido hablarle de su hijo; hablarle de vos, Tambo.

El poder más grande que tenemos como cristianos, más allá de la oración, es el testimonio. Nada convence tanto como un gesto correcto en medio de un lugar que cada vez es más confuso. Nada dice tanto de nosotros como cuando juntamos lo que creemos con cómo actuamos. Vos fuiste testimonio, Tambo. Joven como tus compañeros, joven con defectos y virtudes, joven de gestos que no se olvidan. De eso quiero hablarle a este joven, de tu normalidad de joven y de lo natural de esos gestos. Vos sos irrepetible, pero ojalá hablarle de vos anime a este bicho a ser algo como vos en tu testimonio de querer hacer cosas distintas, cosas que cambian, cosas que atestiguan una vida única.

Yo fui testigo de tu paso por el mundo. Por un par de años nomás. Suficientes como para no olvidar. Como para animarse a no olvidar lo que aprendí a tu lado y del lado de la gente subiendo por la calle negra o compartiendo cualquier cosa mientras esperamos que los demás vuelvan de su misión, adonde fuera que les hubiera tocado.

Eso, Tambo. Voy a seguir hablándole de vos a la bichada. Quien quita y se animan.

Víctor

lunes, 6 de mayo de 2013

7 años

Este blog tiene 7 años. Ayer por la noche, pero en el año 2006, escribía mi primer post. Iniciaba con la esperanza de tener un espacio de expresión personal y poco a poco se fue volviendo algo donde revisaba esa realidad de la que me toca hacerme cargo.

Guardé hace ratos algunos de esos posts muy personales, que en algún momento terminé por separar de acá para hacer otro blog; veo cómo ha cambiado mi vida desde aquel momento y cómo mi propia manera de entender la realidad va cambiando. Quizá mi relectura de este período de mi vida, documentada de una manera más accesible que mis primeros escritos de la preadolescencia, me va dando cuenta que lo que cambia son los cómo más que los qué. La realidad sigue estando ahí pero vuelco mi energía en intentar cambiarla desde lo que hago en mi trabajo más de lo que digo desde acá. Hoy tengo esa oportunidad que hace tiempo no tenía.

Hoy soy más consciente del valor de mi palabra frente a esto que ocurre día a día pero también como realidades tan efímeras son parte de un juego más complejo y sucio que hay detrás, que para llegar a ello urge reconstruir otras cosas: la persona, las relaciones, la visión de mundo, el cómo cuidamos nuestro entorno más que las instituciones que reflejan el estado de nuestro fondo.

7 años son un buen período para crecer y ir dejando pistas de cómo es que vamos llegando a donde andamos ahora. Eso es lo rico de esto. A seguirlo haciendo

Víctor

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Siempre el "por qué".

Mucho de mi trabajo tiene que ver con ir tomándole el pulso a las intervenciones que hacen varios equipos de trabajo. Valorar los resultados obtenidos contra los resultados esperados, determinar tendencias, y sobre todo, saber explicar por qué tenemos esos resultados.

El asunto es que aprendí, proceso terapéutico de por medio, a que el porqué se vuelve vacuo y que lo correspondiente, lo que mueve, es un "para qué".

Y ahí me encuentro, en el punto medio del proyecto al que estoy asignado, intentando equilibrar los por qué con los para qué, intentando dar sentido a cosas que por diseño se limitan a buscar cierto objetivo pero que deberían circunscribirse a algo más alto y trascendente.

Pienso en esto, en la gente a la que nos debemos. Pienso en cómo desde sus expresiones a veces tan simples nos botan el esquemita con el que llegamos en plan de seudoconocedores, con la arrogancia de nuestros indicadores y metas altas mientras ellos requieren un saber estar que es difícil de encasillar en una cadena de resultados o en los rubros de un presupuesto.


lunes, 3 de septiembre de 2012

31

"Treinta y uno es el número que sigue después de treinta y viene antes de treinta y dos."
(Wikipedia)

Y bueno, doblo la edad que a veces desearía tener, por aquello de las responsabilidades reducidas y otras linduras como la intensidad del funcionamiento de las estructuras antiguas del cerebro. Pero heme acá, ya en la adultez. Consciente, pleno de vida, de deseos y sueños, con un camino iniciado y una compañía que deseo conservar para seguir caminando. Traigo menos peso en el cuerpo que la vez anterior que pasamos por este punto del tránsito alrededor del sol. Traigo, más que nada muchos recuerdos en mi equipaje. Les traigo a ustedes, amigos y amigas, personas que conozco en persona y personas que conozco por sus palabras, por sus imágenes. Les llevo junto a mi como materia constituyente de lo que soy hoy. Porque no soy yo si no es por interacción con ustedes, con cada uno y cada una que he tenido el chance de encontrarme de las más diversas maneras que nos permite el mundo hoy en día.

Quizás lo más importante de decir este día es gracias. Gracias al buen Dios de la vida, padre y madre mío y de ustedes, que con gentileza me trajo al mundo y me ha mantenido en él, que me sigue demostrando su amor a través de cada persona que encuentro. Poco tengo que decir ante lo grande que es ese encuentro permanente con las personas, que dentro de cada uno de sus virtudes y defectos me recuerda que es una cosa hermosa estar vivo y tener la oportunidad de dejar un pequeño recuerdo en el mundo.

No sé si lo he contado antes, pero estoy vivo de milagro. A temprana edad pude haber muerto por complicaciones de una enfermedad hereditaria, por la que me operaron a mis cuatro años. Desde pequeño he tenido una leve idea de no haber fallecido por algún buen motivo. Esa idea, a veces con más fuerza, a veces con menos, me ha acompañado. En parte por esa idea, mucho en parte por cada persona que me ha acompañado o coincidido conmigo en la vida, me ha ido dejando esa noción de si no ser algo especial, estar destinado a concebir el mundo y mi papel dentro de él buscando hacer algo distinto. No es arrogancia, si no más bien sentir o percibir un peso de esperanza en mis propias posibilidades. Y heme acá, asumiendo esa llamada desde lo poco que puedo hacer.

Déjenme por un momento volver a mis fuentes - que crítico como soy de sus formas dominantes actuales, no reniego ni renegaré de ellas -;  el evangelio de hoy  nos recuerda cuando Jesús, más o menos a esta edad que tengo, llega a su tierra y retoma una lectura de las sagradas escrituras, en la que encuentra el pasaje de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor". Jesús dice que esa lectura se cumple hoy, en Él. Toda una afirmación, una certeza de misión, de propósito. 

Pienso en mi vida, en estos treinta y un años. Pienso en las cosas que he logrado ir construyendo, en la gente que he encontrado, en las oportunidades de ayudar que he tenido. Pienso en mi trabajo, en lo que puedo hacer, en lo mucho que hace falta por seguir haciendo. Pienso en lo que quiero hacer con ella - mi divino amor, que diría mi abuelo -,  en lo que podemos ser y hacer juntos. Pienso en lo que puede venir, en el futuro aciago que nos viene a todos por descuido, por desinterés, por perder el rumbo y dejar que otros nos digan qué hacer, qué tener en lugar de qué construir. En fin, oteo mi futuro y suspiro con satisfacción. Estoy vivo. 

Podría ser que mañana acabase todo. Con los años y en este país como ninguno, uno poco a poco uno va construyendo esa certeza, ese sentido de finitud, de estar expuesto. Aunque los números me vayan sacando de la edad de más alto riesgo, entro en una edad crítica para muchas cosas- especialmente en este mundo en que pareciera que la productividad se acaba a los 35 años - y heme acá, al pie del cañon, sabiéndome un poco elegido, como todos y todas hemos sido elegidos para ser felices pese a nuestras circunstancias. Yo con las mías estoy aprendiendo a llevarme muy bien.  Tengo a partir de hoy y ppor una vuelta más al sol, 31 años. Y estoy aprendiendo a guardar silencio para escuchar la vida otro año más, hasta cumplir otra vuelta alrededor del hermano sol. 


Sapoverdetumi


Víctor

jueves, 5 de mayo de 2011

5 años

Este día se cumplen cinco años desde que abrí este blog.

Veo atrás y encuentro en cada post una pequeña imagen de mí mismo y de mi historia en cada momento. Veo mucho de la historia de mi país y de cómo la he ido viviendo. Encuentro así el sentido de esto, más allá del permitirme expresarme,de levantar la voz y decir lo que pienso: con esto construyo mi parte de la historia, de lo que voy viviendo de ella, de lo que me interesa lo suficiente para comentarla. Eso por una parte.

Por otra, la más trascendental: ustedes. Las personas que he conocido por tener este espacio donde he tenido el chance de venir a decir algunas tonteras de cuando en cuando, ustedes que con sus comentarios me acompañaron en horas jodidas de mi vida, o que me hicieron reflexionar sobre la realidad del país, sobre lo importante que es escribir de esas personas que dan un sentido positivo a nuestra patria (no saben qué lindo se siente que mis posts más exitosos en términos de visitas sean los que hablan de Rutilio Grande, del Padre Cosme, de los Jesuitas o de Monseñor Romero). En términos humanos lo mejor de sto ha sido justo encontrarme con gente tan diversa, gente a la que de otro modo no habría conocido. Esto me ha abierto el espacio a abrirme a otras realidades, a otros saberes, a otras experiencias.

Gracias por cada visita y cada comentario; esto no sería igual si no tuviera la certeza que en alguna pantalla habrá alguien leyendo estas líneas. Eso hace que tenga más gracia lo que solía decir el subtítulo del blog: voy a seguir haciendo algo que nadie más puede hacer por mí: hablar.

Víctor

sábado, 20 de noviembre de 2010

Hasta siempre, Papá Julio

Mi viejo madrugó para irse con la hermana muerte. Estiró las chancletas, como él decía. No tengo más que agradecimiento por haberle disfrutado. Por haber crecido con su ejemplo ahí, marcando el paso de rectitud, de honradez, de entrega y apertura a los demás. Fue un hombre para quien no alcanzan las palabras. Un hombre para los que sobran los ejemplos de su calidad como persona. Era de esas personas que construyen un mundo mejor desde lo que pueden. Él buscaba siempre reunir a la gente, siempre en torno a una causa, siempre buscando un bien para todos. Bien organizando un equipo, arreglando la carroza del barrio para la fiesta del pueblo, formando grupos de jóvenes, dando doctrina en la iglesia, vistiéndose como Santa Claus o como payaso para los cipotes de la parroquia. Pequeñas cosas que construyen, que unen, que forman ese patrimonio intangible que sirve para derrotar cualquier problema que se le venga encima a una comunidad. Aquello que nos hace más fuertes.

No digo que no duela su muerte, me duele como solo duelen las partidas de quienes más nos han marcado en la vida. Pero es un orgullo haber compartido parte de mi vida, haber sido formado en parte por un hombre tan vergón como él. Y dejo estas líneas para recordarme a mí mismo su ejemplo, que no necesita homenajes, que necesita que se continúe haciendo lo que el humildemente buscaba hacer desde sus posibilidades. Eso. Ayer fui el último en entrar a visitarlo al hospital. No pude ayer más que decirle gracias por todo, Papi.

sábado, 13 de noviembre de 2010

A mi abuelo, antes de no poder decir nada más

Hace 24 horas no pensaba en mi Papá Julio con la gravedad de quien sabe que debe hurgar profundo en cada recuerdo, antes que se escapen de la memoria como él se va escapando de la vida de manera tan sorpresiva y acelerada. Mientras yace en el hospital, pienso en cada lección de vida, en los momentos que pasamos juntos. Hace 21 años, por ejemplo, al llegar la hora del toque de queda me quedaba con él ahí por el chorro de la casa, oyendo las noticias sobre la ofensiva. él se preguntaba por Álvaro, su sobrino, quien andaba guerrillereando en Guazapa.

Por esos años mas o menos él me enseño a usar bien la atarraya. Él tiene una atarraya pequeña, una chimbolera, de hoyo pequeño y tamaño apropiado para que un niño de 8 años aprendiera a tirarla en un río que entonces no era sistemáticamente contaminado. Por esos años aprendí también a usar el azadón, el pico, la pala, el chuzo. Aprendí a agarrar bien el tenedor y la cuchara, a no hacer ruido al masticar ni al sorber. Supe cómo se sembraba el maíz con que mi abuela hacía las tortillas. Aprendí a destuzarlo, a desgranarlo a mano, a llevar el huacal al molino para que mi abuela lo moliera. Aprendí a saludar a todo mundo con un buenos días, a disfrutar de los valses, a respetar mucho a los ancianos y a sacarles plática de sus recuerdos. Un poco después me enseñaría a usar una pistola por si acaso, a hacer nudos para amarrar hamacas, a apreciar las capas de cenizas en los cerros cortados por las calles.

No me va a alcanzar la noche. Hay demasiado recuerdo al que aferrarme antes que mi viejo estire las chancletas. Ojalá no sea esta noche, ni mañana. Todavía no he aprendido el cuento de la ciudad de los pedos para contárselo a una nueva generación. Todavía no sé bien cuando es que está de punto el zapote para cortarlo y ponerlo a madurar. Aún no me he aprendido todas sus muecas. Pero si se va en estos días, al menos lo que he aprendido de él ya me vale para un aplauso de piojo, y para un plato de cusuco en miel y otro de garrobo en leche, sus platos -imaginarios - favoritos.

Gracias mi viejo. No se vaya todavía, pero si se va no venga a morderme el cachete con su cientoun diente. Mejor dígame cómo se hace para ser tan vergón durante una vida entera.

domingo, 10 de octubre de 2010

Apuntes en el día del psicólogo y la psicóloga en El Salvador

Como bien lo comentamos en Psicoloquio, cada 10 de Octubre se celebra el día de las psicólogas y los psicólogos acá en El Salvador. Se hace porque la Sociedad Salvadoreña de Psicología se fundó el 10 de octubre de 1964. Coincidentemente en 1992, la Federación Mundial para la Salud Mental, auspiciada por la Organización Mundial de la Salud, designó el 10 de octubre como Día Mundial para la Salud Mental.

Esto me lleva a recapacitar, ahora ya desde un espacio de trabajo donde intervengo en algunas problemáticas sociales, sobre el privilegio que representa no solo ser un profesional, si no además uno especializado en trabajar con algo tan delicado como la salud mental de las personas.

Mucho hemos avanzado como profesión en el país, pero queda mucho por recorrer, mucho por mejorar. Cada vez somos más profesionales de la psicología, pero la cantidad no implica calidad. Ello lleva a que quienes ya ejercemos debamos poner alto el listón, lejos de acomodarnos a lo que ya tenemos, a lo que ya somos. Hay mucho por trabajar acá, donde los problemas sociales y la forma en como se encarnan en las personas es tan evidente, acá donde hay tanto qué hacer, tanto por intervenir, por investigar y por volver un cuerpo teórico que sea un reflejo de esta realidad de la que somos parte.

Implica una mayor profesionalización de nuestro trabajo, crear espacios para la discusión, para compartir el conocimiento y la experiencia y verlo desde una postura crítica, aterrizada en esta población, en este contexto. Necesitamos, nos urge evaluarnos a nosotros mismos en cuanto referentes de la cantidad de jóvenes que egresan como psicólogos de las universidades, en cuanto ejemplos de rigor científico, metodológico, y ante todo, ético.

Creo que hay que celebrar, pero viéndonos a nosotros mismos, exigiéndonos más, dado el privilegio que tenemos: el trabajar con la gente y para la gente. Porque ser psicólogo es ante todo un privilegio, pero no uno que nos pone por encima de nuestro objeto de trabajo, si no al mismo nivel. Y creería yo que incluso debería ponernos abajo del mismo, para empujarlo hacia arriba, a su liberación.

viernes, 3 de septiembre de 2010

29 años

Hoy cumplo 29 años en un país donde llegar a esta edad se va volviendo más complicado cada día, donde lo que yo cumplo de años es la cantidad de personas que mueren en un fin de semana. Donde llegar a esta edad sin verse involucrado en actos violentos es complicadísimo, donde ser joven es una profesión de altísimo riesgo. Donde graduarme de una universidad en la carrera que elegí y tener la oportunidad de trabajar en mi área de preferencia es aún más que un privilegio.

Tengo a mis padres, que aún trabajan y me han podido echar el hombro en estos tiempos donde ha sido difícil encontrar un lugar donde trabajar, un privilegio grande en un país donde hay mujeres que tienen una marimba de hijos para que ellos le ayuden a sobrevivir a ellas. Tengo a mi hermana por graduarse, cuando otras niñas a su edad asisten a la graduación del kinder de sus hijos. Tengo mis dos perras, mi perico y mis tortugas, que me alegran el regreso a casa y me ayudan a olvidar el estrés cuando hay quienes escapan de la rutina hundiéndose en el fondo de una botella, en la levedad de un humo o de una línea de polvo blanco. Tengo muchas personas que me aprecian, hay quien está demasiado solo. Tengo muchas personas a quienes apreciar. Tengo gente a quien puedo amar. A quienes puedo extrañar. Por quienes ha valido la pena vivir hasta hoy.

Soy un privilegiado en llegar a estos 29 años, y escribir esto casi cerrando los ojos después de cenar, cansado del día que tuve en el trabajo. Tengo el privilegio de poder expresarme en este espacio, y el privilegio que ustedes me lean, acá en el Salvador o donde sea que Ud se encuentre. Es maravilloso estar aquí y ahora y tener la oportunidad de transformar vidas en mi trabajo, de tener la oportunidad de comunicarme con gente a la q no podría conocer nunca en persona y que pueda conectarse con estas palabras.

No me arrepiento de nada en realidad a esta altura. Eligiendo ser quien soy, eligiendo hacer lo que hago, eligiendo creer en lo que creo estoy acá, a 29 años de haber nacido y con el futuro abierto. Y le invito a Ud a que más que felicitarme, sueñe conmigo en que con nuestra labor de hormiga, con nuestras voces de grillos en medio de la noche vayamos transformando nuestro país, nuestro mundo. Y es un privilegio, el más grande, poder elegir ese camino, ese sueño y poderle invitar a Ud a que lo intentemos. No hacer uso de ese privilegio, la vida, para construir algo que trascienda estas horas de muerte sería un fracaso.

jueves, 6 de mayo de 2010

4 años

Hace cuatro años, en una noche como esta, inicié este espacio sin tener mayor idea de lo que quería hacer con él. Hace tiempo pasé de la necesidad de expresarme de forma personal sobe mi vida a necesitar hablar sobre el país y reflexionar sobre lo que ocurre a mi alrededor. Muchas cosas han pasado en este tiempo y muchas de las más hermosas han ocurrido en parte por éste espacio, que es también de ustedes.
No sé que más decir, si no gracias a quienes me visitan seguido, a quienes me siguen con un lector de feeds o por el correo electrónico. Gracias por sus comentarios a mis posts y a quienes me han hecho saber de uno u otro modo que este pequeño esfuerzo de poner en letras lo que pasa en mi cabeza, le ha servido para algo. Gracias especialmente a quienes han trascendido de la interacción blogger-lector y se han convertido en mis amigos y amigas. Ese resultado inesperado, es lo más hermoso que me ha dejado este espacio y que me anima a seguir hablando de lo que pasa en mi mundo. Y en virtud de ello, renuevo imagen y compromiso de venir a escribir más seguido. Nuevamente gracias a todos y todas, y nos seguiremos leyendo.

Victor

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Una reflexión desde un año más de vida y en la víspera de otra triste muerte

Ayer nos hemos dado cuenta de una muerte que nadie esperaba: Christian Poveda, un fotoperiodista y documentalista francés, autor de un documental que muestra la vida al interior de la mara 18. Un ser humano que asumió nuestra realidad como propia y demostró con su trabajo la tragedia humana que ocurre al interior de las pandillas. Una mirada hacia adentro de nuestros propios productos, de lo que provocamos al mantener un sistema de relaciones sociales basado en una estructura injusta, en los resultados de toda una historia nacional que perpetua la violencia y la exclusión como señas de identidad de una sociedad cada vez más enferma, pero en la que aún hay esperanza.

Y la esperanza es que estas muertes, esas trece muertes diarias que desangran nuestra sociedad, a las que hoy se suma la muerte de Christian, nos hagan reflexionar y adoptar un verdadero rumbo de cambio. Ojalá y más allá del lamento por su muerte y del asco que produce que en nuestro país se vayan algunas de nuestras mejores personas y se queden pululando algunos de lo peorcito, no tomemos una actitud de rechazo indiferente. 

La indiferencia ante esta muerte y ante el resto de muertes, de extorsiones, asaltos, violaciones, amenazas, y demás heridas en nuestra socuedad es lo peor que podemos hacer. La actitud del "sálvese quien pueda, pero yo al primero", los "este país de mierda", "mareros hijos de puta", etc que abundan en nuestro diario comentar no abonan a nada que no sea la sensación de desesperanza que termina por alentar a quienes hacen de la violencia su modo de afrontar la vida. Es hora de cambiar el chip al respecto y reevaluar nuestras propias concepciones acerca de este problema, es hora de ver qué podemos hacer, solo lamentar las muertes y quejarnos por la situación no resuelve nada. Tengo fe profunda en que esto puede cambiar, si es que nos tomamos en serio el reto de hacer que esto cambie.

Hoy cumplo 28 años. Soy un privilegiado de estar vivo, de poder decir lo que pienso y sobre todo tengo el privilegio de tener fe pese al dolor, a la incertidumbre que produce una muerte más. Contagiese de mi alegría de poder celebrar un día más mi vida, y ayude a que de a poquito vayamos haciendo que esos trece muertos diarios sean menos y puedan ellos tambien tener un día en que alegrarse por cumplir años.

Victor

miércoles, 5 de agosto de 2009

Del silencio del autor y un par de aclaraciones...

Hola a todas y todos.

He estado un poco desaparecido de este espacio por motivos personales, espero volver a postear mas o menos con la frecuencia que mantenía hace un par de meses (por lo menos un post semanal) luego de éstas vacaciones agostinas. Agradezco sus visitas, comentarios y los esporádicos mensajes que llegan al correo electrónico.

Respecto a ésto último quisiera disculparme de antemano si no respondo con prontitud algún correo o si - como paso lamentablemente con una lectora - mi desconfianza llevó por el mal camino su buena intención de mantener contacto conmigo por email. Le decía a ella en mi nota aclaratoria que tras tres años de tener blog y más de algún suceso más o menos desafortunado o risible al respecto, me he vuelto un tanto más desconfiado de las comunicaciones en línea y que por tanto mi reacción inicial es bien el silencio, el rechazo o compartir con otros bloggers aquello que me lleva a dudar. Es triste que las cosas sean así, pero justos terminan pagando por pecadores en un lugar donde el anonimato se presta para cualquier tontera, lamentablemente se hace escaso quien sabe manejar la libertad de poder mantener su verdadera imagen al margen de su identidad virtual.

Dicho esto, quisiera responder a una duda que me transmitieron desde un blog colectivo amigo. Me preguntaban que si había borrado el enlace a su blog de mi lista, y que si ello respondía a haber sido coaccionado a ello. En ningún momento ha sido así. El asunto es que el servicio de blog que uso (Blogger) me da la oportunidad que el blogroll (la lista de enlaces de blogs que ven bajo el título "Red social activa" a la derecha) funcione de manera dinámica según vayan apareciendo nuevos posts en los blogs que he añadido. Como tengo enlistados en el blogroll más de 50 blogs entre bloggers amigos y blogs que considero interesantes o afines, y muchos de ellos publican con frecuencia diaria, la lista de blogs se actualiza con bastante frecuencia a lo largo del día, tal es así que hay días y horas en que el blogroll mantiene un enlace por unas cuantas horas; de ahi que al blogroll lo titule red social activa. Quienes me visitaban desde antes que tuviera esa función Blogger recordarán que antes solo se titulaba "red social" y era una lista larga; por ser cada vez más larga la lista quise acortarla haciéndola una lista desplegable, pero nunca me funcionó el código para tal efecto. Espero satisfaga la duda de los amigos del equipo que me escribió al correo.

Bueno, me regreso al semisilencio que he mantenido, esperando volver recargado en ideas para reflexionar sobre nuestra realiadad luego de pasar con la familia un tiempo juntos, que siempre hace tanta falta.

Un saludo cordial a todas y todos. Y siéntanse en libertad de comentar o escribirme al correo, con todo y la desconfianza, es una alegría cuando puedo tener interacción más cercana con quienes me leen.

Victor

lunes, 22 de junio de 2009

Algunos recuerdos de mis maestros y maestras

La señorita Glenda me hizo sentir especial aquella vez que me dejó estampados sus labios en el cachete derecho, porque una vez más me había destacado en el cuadro de honor. Esa vez iba cantando a casa algo asi como que era feliz. Esa sensación de satisfacción porque alguien ajeno a mi familia reconocía mis méritos ha sido impagable cada vez que se ha dado. La primera vez que la sentí fue entonces. Igual que cuando el Hno. Carlos me llevaba a 9º grado, a leerles a los alumnos de aquel nivel, para que vieran que un niño de 6 años leía de corrido mejor que la mayoría de ellos.

La primera vez que fui consciente de adelantarme al resto de mis compañeros, fue con la Srta. ¿Miriam? -no recuerdo bien su nombre-, cuando me permitió comenzar a escribir con lapicero y no con lápiz, como la mayoría de mis compañeros aún lo hacían. Con ella y con una de las religiosas del colegio descubrí que no cantaba mal las rancheras, ni las canciones religiosas.

A don Carlos Alberto Joya (si alguien que me lee lo conoce, dígale que éste servidor le recuerda con gran aprecio) le debo en mucho mi pasión por saber de todo un poco, aquellos concursos que hacía para estimular nuestro aprendizaje a través de la sana competencia, sus ferias de ciencia, marcaron en mi vida mi pasión por las rocas, por conocer más de cada materia. Con esos pequeños gestos reafirmó una tendencia mía a querer saber más, a curiosear, a leer, a aprender.

Del Prof. Crespín aprendí a hacer mapas conceptuales, que tanta ayuda me han dado hasta hoy, cada vez que los hice en la universidad, para aprehender cosas como la causalidad estructural, la patogénesis del TLP. Lo recordé mucho, y agradecí esa forma de explicarnos cosas de Idioma Nacional al hacer mi propio esquema sobre las trasnformaciones psicosociales al interior de la familia del migrante.

Al Prof. Águila le agradezco que estimulase nuestra agilidad mental para hacer cálculos matemáticos, no siempre fui el primero en llevarle los ejercicios que daba en clase, pero esa competencia por llevarlos antes que Torres me ayudó mucho a concentrarme y a hacer las cosas bien y rápidamente.

A Fermán le agradezco sobremanera aquella lección de buscar la solución sencilla, su manera de enseñarnos a descomplejizar creativamente los problemas de despejes que nos ponía a hacer.

A Chus le agradezco la cercanía, el tacto para ayudar a corregir el camino sin estigmatizarme en un momento complicado de mi vida. A Argueta esa forma de demostrar que se podía ambicionar a más, y aquella su lección de seguridad en mis opiniones: "Castro, no ande creyendo ni pensando porque un día se va a creer que es cuche y se va a hartar toda la mierda."

A José Luis el haberme abierto los ojos respecto a la maravillosa complejidad del fucionamiento de la mente humana en su asiento biológico, a Óscar su inspiración a tomar en serio mi carrera como una herramienta de trasnformación de la realidad nacional, al Dr. su apuesta por mi como investigador, su apoyo durante todo el proceso de tesis, para llevarme mas allá de lo que yo me planteaba en un inicio y hasta defender mis planteamientos cuando no fueron comprendidos.

Ah, si sacara cada cosa que debo agrader a cada maestro y maestra que tuve en mi vida me quedo corto, seguramente. Éstas son solo algunas líneas, cosas que me he acordado mientras pensaba que quería dejar constancia de que yo no sería yo si no fuera por ellos y ellas. Que si bien ha sido mi esfuerzo el que me ha llevado a ser lo que soy, ellos y ellas me señalaron el camino, me dieron ánimos, me dieron las herramientas o me empujaron a hacer uso de mis capacidades y a llevarlas mas allá. Cuando pienso en mis maestros y maestras solo puedo decir GRACIAS.

Sueño con algún día tener la oportunidad de devolver lo que ellas y ellos me dieron en las aulas por las que pasé. Me viene de herencia y tuve grandísimos ejemplos. Que Dios las y los bendiga.

Victor

martes, 26 de mayo de 2009

5 años, Tambo. Aún seguis latiendo


Solo eras un niño, Ernesto. Un cipote que iba a despedir a un amigo que iba a iniciar el primer paso concreto de su futuro. Y viviendo tu muy temprana juventud te encontró la muerte, apresurada por otro joven como vos o yo quizá, pero que no tuvo la misma oportunidad ni las mismas condiciones para salir adelante.

Fui el último de tus conocidos en verte con vida. Paso con frecuencia en mi cabeza la película de ir en el último asiento de esa 44, verte y intentar un saludo que no devolviste porque veías a otro lado. Yo quiero creer que me viste, que me decias adiós cuando ya el micro había arrancado. No sé si fue así. Pero es de las pocas películas que guardo en mi memoria y que reviso con frecuencia.

Pienso en vos, Tambito - así te decíamos con el Gabo aun cuando tus cheros te decian Tambo - pienso en que para esos días llegaba Saca a la presidencia. Igual que Chema dijo entonces era mejor hablar de vos que del cambio de gobierno, hoy pienso lo mismo, aunque las condiciones son distintas. Como habras visto desde donde estas con el mero Jefe, el Frente ganó. Muchos y muchas votamos porque el Frente y Funes nos convencían de ser la mejor alternativa para salir del esperpento de 20 años de gobiernos areneros, con mi papá nos fuimos a celebrar ese triunfo tan ansiado y me acordé de vos y de que si estuvieras con vida, nos habríamos encontrado allí.

Con toda y esa emoción. pienso que es mejor hablar de vos, porque vos fuiste una de las tantas víctimas consecuencia de esos veinte años de gobiernos de ARENA. Porque si en esos 15 años antes de que te mataran ARENA hubiera hecho sus tareas de gobernar para el bien de todos y todas, estar a las 8 de la noche en esa parada no hubiera sido peligroso, y si aún así la muerte hubiera llegado, Chema no hubiera tenido que señalar publicamente al director de la PNC para recordarle que a un año después de tu muerte aún no se sabía quien te había matado a pesar de tener pistas. Con un gobierno que funcionara como tal, cinco años de tu asesinato, tu familia y tus amigos supiéramos a quien tendríamos que perdonar por quitarte la vida aunque nos costase una vida entera hacerlo.

No sé si te acordás, Tambo. Antonio Saca dijo que iba a hacer de El Salvador el país más seguro de Latinoamérica. Cinco años más tarde lo seguro es que si sos hombre y joven, podés ser uno de los 13 muertos violentamente que hay a diario. ¿Te imaginás eso, Tambo? En una semana se vacía un aula promedio entera de puros jóvenes - en su mayoría - asesinados. Y como cuando te mataron, le siguen echando la culpa a las maras.

Ay Tambo. Cambia el gobierno, pero adolecemos de los mismos problemas aunque más agudizados y complicados por cosas del mundo que nos hacen mas jodido el asunto. Ganamos el gobierno, pero reconstruir este país va a ser un huevo y las tres cuartas partes del otro. Cuando te recuerdo, pienso en cuantos bichos como vos hacen falta para cambiar este pedacito de mundo al que llamamos país, cómo quisiera que hubieras tenido mas tiempo de servir de ejemplo a otros jóvenes. Pero hoy me toca a mi recordarte, ponerte de ejemplo, pensar en que de algún modo hay que luchar desde donde pueda para que jóvenes como vos no mueran asesinados por otro joven que ha elegido llevar la vida loca que se lleva de encuentro otras vidas.

Hace un rato pasé por donde te asesinaron, Tambo,  se me dio un vuelco el interior al ver esa parada sola, como esa noche en que te mandaron por la vía rápida a los brazos de Chus. Sabés, no había soñado con vos desde tu muerte, y que una noche hace unos meses soñé que te veía alegre, como cuando en Morazán te veníamos jodiendo por aquellas cipotas admiradoras tuyas, nos despedimos con un abrazo que aún siento. Sé que no soy el único que te recuerda así, 5 años después seguis latiendo fuerte en nuestros recuerdos. Curbe, Morsita, Arturo, el Gabo, Luis y el resto de tus amigos y amigas sentimos algo más de vacío éste día. Pero te homenajeamos viviendo, recordándote en silencio y asimilando que por vos debemos seguir creyendo y seguir intentando construir un mundo nuevo.

Victor