Hace 24 horas no pensaba en mi Papá Julio con la gravedad de quien sabe que debe hurgar profundo en cada recuerdo, antes que se escapen de la memoria como él se va escapando de la vida de manera tan sorpresiva y acelerada. Mientras yace en el hospital, pienso en cada lección de vida, en los momentos que pasamos juntos. Hace 21 años, por ejemplo, al llegar la hora del toque de queda me quedaba con él ahí por el chorro de la casa, oyendo las noticias sobre la ofensiva. él se preguntaba por Álvaro, su sobrino, quien andaba guerrillereando en Guazapa.
Por esos años mas o menos él me enseño a usar bien la atarraya. Él tiene una atarraya pequeña, una chimbolera, de hoyo pequeño y tamaño apropiado para que un niño de 8 años aprendiera a tirarla en un río que entonces no era sistemáticamente contaminado. Por esos años aprendí también a usar el azadón, el pico, la pala, el chuzo. Aprendí a agarrar bien el tenedor y la cuchara, a no hacer ruido al masticar ni al sorber. Supe cómo se sembraba el maíz con que mi abuela hacía las tortillas. Aprendí a destuzarlo, a desgranarlo a mano, a llevar el huacal al molino para que mi abuela lo moliera. Aprendí a saludar a todo mundo con un buenos días, a disfrutar de los valses, a respetar mucho a los ancianos y a sacarles plática de sus recuerdos. Un poco después me enseñaría a usar una pistola por si acaso, a hacer nudos para amarrar hamacas, a apreciar las capas de cenizas en los cerros cortados por las calles.
No me va a alcanzar la noche. Hay demasiado recuerdo al que aferrarme antes que mi viejo estire las chancletas. Ojalá no sea esta noche, ni mañana. Todavía no he aprendido el cuento de la ciudad de los pedos para contárselo a una nueva generación. Todavía no sé bien cuando es que está de punto el zapote para cortarlo y ponerlo a madurar. Aún no me he aprendido todas sus muecas. Pero si se va en estos días, al menos lo que he aprendido de él ya me vale para un aplauso de piojo, y para un plato de cusuco en miel y otro de garrobo en leche, sus platos -imaginarios - favoritos.
Gracias mi viejo. No se vaya todavía, pero si se va no venga a morderme el cachete con su cientoun diente. Mejor dígame cómo se hace para ser tan vergón durante una vida entera.
sábado, 13 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
Invitación
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Queda abierta la invitación. Es un lindo proyecto con jóvenes de Suchitoto, del que he escrito un poco acá donde el amigo Hunnapuh.
Ojalá puedan asistir.
Víctor
P.D.: Pronto vienen cambios en este espacio, incluido que planeo volver a postear con frecuencia, estén pendientes. :-)
domingo, 10 de octubre de 2010
Apuntes en el día del psicólogo y la psicóloga en El Salvador
Como bien lo comentamos en Psicoloquio, cada 10 de Octubre se celebra el día de las psicólogas y los psicólogos acá en El Salvador. Se hace porque la Sociedad Salvadoreña de Psicología se fundó el 10 de octubre de 1964. Coincidentemente en 1992, la Federación Mundial para la Salud Mental, auspiciada por la Organización Mundial de la Salud, designó el 10 de octubre como Día Mundial para la Salud Mental.
Esto me lleva a recapacitar, ahora ya desde un espacio de trabajo donde intervengo en algunas problemáticas sociales, sobre el privilegio que representa no solo ser un profesional, si no además uno especializado en trabajar con algo tan delicado como la salud mental de las personas.
Mucho hemos avanzado como profesión en el país, pero queda mucho por recorrer, mucho por mejorar. Cada vez somos más profesionales de la psicología, pero la cantidad no implica calidad. Ello lleva a que quienes ya ejercemos debamos poner alto el listón, lejos de acomodarnos a lo que ya tenemos, a lo que ya somos. Hay mucho por trabajar acá, donde los problemas sociales y la forma en como se encarnan en las personas es tan evidente, acá donde hay tanto qué hacer, tanto por intervenir, por investigar y por volver un cuerpo teórico que sea un reflejo de esta realidad de la que somos parte.
Implica una mayor profesionalización de nuestro trabajo, crear espacios para la discusión, para compartir el conocimiento y la experiencia y verlo desde una postura crítica, aterrizada en esta población, en este contexto. Necesitamos, nos urge evaluarnos a nosotros mismos en cuanto referentes de la cantidad de jóvenes que egresan como psicólogos de las universidades, en cuanto ejemplos de rigor científico, metodológico, y ante todo, ético.
Creo que hay que celebrar, pero viéndonos a nosotros mismos, exigiéndonos más, dado el privilegio que tenemos: el trabajar con la gente y para la gente. Porque ser psicólogo es ante todo un privilegio, pero no uno que nos pone por encima de nuestro objeto de trabajo, si no al mismo nivel. Y creería yo que incluso debería ponernos abajo del mismo, para empujarlo hacia arriba, a su liberación.
Esto me lleva a recapacitar, ahora ya desde un espacio de trabajo donde intervengo en algunas problemáticas sociales, sobre el privilegio que representa no solo ser un profesional, si no además uno especializado en trabajar con algo tan delicado como la salud mental de las personas.
Mucho hemos avanzado como profesión en el país, pero queda mucho por recorrer, mucho por mejorar. Cada vez somos más profesionales de la psicología, pero la cantidad no implica calidad. Ello lleva a que quienes ya ejercemos debamos poner alto el listón, lejos de acomodarnos a lo que ya tenemos, a lo que ya somos. Hay mucho por trabajar acá, donde los problemas sociales y la forma en como se encarnan en las personas es tan evidente, acá donde hay tanto qué hacer, tanto por intervenir, por investigar y por volver un cuerpo teórico que sea un reflejo de esta realidad de la que somos parte.
Implica una mayor profesionalización de nuestro trabajo, crear espacios para la discusión, para compartir el conocimiento y la experiencia y verlo desde una postura crítica, aterrizada en esta población, en este contexto. Necesitamos, nos urge evaluarnos a nosotros mismos en cuanto referentes de la cantidad de jóvenes que egresan como psicólogos de las universidades, en cuanto ejemplos de rigor científico, metodológico, y ante todo, ético.
Creo que hay que celebrar, pero viéndonos a nosotros mismos, exigiéndonos más, dado el privilegio que tenemos: el trabajar con la gente y para la gente. Porque ser psicólogo es ante todo un privilegio, pero no uno que nos pone por encima de nuestro objeto de trabajo, si no al mismo nivel. Y creería yo que incluso debería ponernos abajo del mismo, para empujarlo hacia arriba, a su liberación.
jueves, 9 de septiembre de 2010
De la vorágine nacional
vorágine.
(Del lat. vorāgo, -ĭnis).
1. f. Remolino impetuoso que hacen en algunos parajes las aguas del mar, de los ríos o de los lagos.
2. f. Pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos.
3. f. Aglomeración confusa de sucesos, de gentes o de cosas en movimiento.
Mucho tiene de vorágine lo acontecido los días anteriores. Cierra el telón el discurso del Presidente o parecería hacerlo, a la espera de lo que ocurra más adelante. La resiliencia de nuestra población, quizá nuestra mayor fortaleza ante la normal anormalidad en que vivimos se pone en evidencia de nuevo mientras por lo bajo todo mundo parecería esperar una solución más o menos mágica.
Lo que se hace evidente sigue siendo más o menos lo mismo: ante la incertidumbrela gente es presa de cualquier cosa. La inseguridad no se mide sólo en términos de la sensación de correr peligro si no además de la veracidad de las fuentes. Ante ello cualquiera se vuelve un experto, cualquiera tiene la credibilidad suficiente para sacar al mundo corriendo de donde sea a esconderse a ver lo que dicen en la cajita esa que forma nuestra visión del mundo al ritmo de música de drama o tragedia, según el canal que haya escogido.
De más está decir que ni la disponibilidad de información seria en medios electrónicos puede evitar que corra más rápido un vídeo de unos supuestos pandilleros profiriendo el bonus track de amenazas que un comunicado aclaratorio del chivo expiatorio de turno. Da igual entonces la calidad de la información: la dinámica está planteada que llega lo sensacional antes que lo reflexivo. Y tiene mucho más pegue, además.
Si bien existen voces que intentan poner un poco de reflexividad sobre este proceso (ver ejemplos aquí, acá y acá) que hoy se expresa en una manera novedosa, pero al fin esperable dada la historia del paisito, lo que abunda es la evidencia de que el discurso construido alrededor de la violencia ha cambiado poco desde que Nacho nos iluminara el camino apuntando a que la violencia permeaba las raíces de nuestras relaciones sociales. Abunda en las redes sociales, tan fácilmente presas de la irrreflexividad y las incoherencias de sus usuarios, mensajes donde se llama bien a la violencia (gente invocando el regreso de los grupos de exterminio que han poblado nuestra historia, o proponiendo soluciones propias de las tan temidas tiranías) o bien al escapismo de la responsabilidad personal en todo este mambo ("ore por su gobernante para que le caiga el veinte algún día", "yo no pierdo la fe, solo que la practico en mi casa").
Mucho hay que decir ante esto, mucho puede explicarse. Mucho hay que hacer, sobre todo. Construir una patria nueva, como la queremos, implica asumir la realidad en que vivimos, cargar con esa piedra entre todos y irle dando forma. Y para ello falta responsabilidad, compromiso, y repensar que lo que nos ha llevado hasta acá no podrá llevarnos a otro lado que no sea algo peor de lo que ya hemos vivido. Toca pues probar lo nuevo, pensar antes de actuar... transformarnos transformando.
Victor
viernes, 3 de septiembre de 2010
29 años
Hoy cumplo 29 años en un país donde llegar a esta edad se va volviendo más complicado cada día, donde lo que yo cumplo de años es la cantidad de personas que mueren en un fin de semana. Donde llegar a esta edad sin verse involucrado en actos violentos es complicadísimo, donde ser joven es una profesión de altísimo riesgo. Donde graduarme de una universidad en la carrera que elegí y tener la oportunidad de trabajar en mi área de preferencia es aún más que un privilegio.
Tengo a mis padres, que aún trabajan y me han podido echar el hombro en estos tiempos donde ha sido difícil encontrar un lugar donde trabajar, un privilegio grande en un país donde hay mujeres que tienen una marimba de hijos para que ellos le ayuden a sobrevivir a ellas. Tengo a mi hermana por graduarse, cuando otras niñas a su edad asisten a la graduación del kinder de sus hijos. Tengo mis dos perras, mi perico y mis tortugas, que me alegran el regreso a casa y me ayudan a olvidar el estrés cuando hay quienes escapan de la rutina hundiéndose en el fondo de una botella, en la levedad de un humo o de una línea de polvo blanco. Tengo muchas personas que me aprecian, hay quien está demasiado solo. Tengo muchas personas a quienes apreciar. Tengo gente a quien puedo amar. A quienes puedo extrañar. Por quienes ha valido la pena vivir hasta hoy.
Soy un privilegiado en llegar a estos 29 años, y escribir esto casi cerrando los ojos después de cenar, cansado del día que tuve en el trabajo. Tengo el privilegio de poder expresarme en este espacio, y el privilegio que ustedes me lean, acá en el Salvador o donde sea que Ud se encuentre. Es maravilloso estar aquí y ahora y tener la oportunidad de transformar vidas en mi trabajo, de tener la oportunidad de comunicarme con gente a la q no podría conocer nunca en persona y que pueda conectarse con estas palabras.
No me arrepiento de nada en realidad a esta altura. Eligiendo ser quien soy, eligiendo hacer lo que hago, eligiendo creer en lo que creo estoy acá, a 29 años de haber nacido y con el futuro abierto. Y le invito a Ud a que más que felicitarme, sueñe conmigo en que con nuestra labor de hormiga, con nuestras voces de grillos en medio de la noche vayamos transformando nuestro país, nuestro mundo. Y es un privilegio, el más grande, poder elegir ese camino, ese sueño y poderle invitar a Ud a que lo intentemos. No hacer uso de ese privilegio, la vida, para construir algo que trascienda estas horas de muerte sería un fracaso.
Tengo a mis padres, que aún trabajan y me han podido echar el hombro en estos tiempos donde ha sido difícil encontrar un lugar donde trabajar, un privilegio grande en un país donde hay mujeres que tienen una marimba de hijos para que ellos le ayuden a sobrevivir a ellas. Tengo a mi hermana por graduarse, cuando otras niñas a su edad asisten a la graduación del kinder de sus hijos. Tengo mis dos perras, mi perico y mis tortugas, que me alegran el regreso a casa y me ayudan a olvidar el estrés cuando hay quienes escapan de la rutina hundiéndose en el fondo de una botella, en la levedad de un humo o de una línea de polvo blanco. Tengo muchas personas que me aprecian, hay quien está demasiado solo. Tengo muchas personas a quienes apreciar. Tengo gente a quien puedo amar. A quienes puedo extrañar. Por quienes ha valido la pena vivir hasta hoy.
Soy un privilegiado en llegar a estos 29 años, y escribir esto casi cerrando los ojos después de cenar, cansado del día que tuve en el trabajo. Tengo el privilegio de poder expresarme en este espacio, y el privilegio que ustedes me lean, acá en el Salvador o donde sea que Ud se encuentre. Es maravilloso estar aquí y ahora y tener la oportunidad de transformar vidas en mi trabajo, de tener la oportunidad de comunicarme con gente a la q no podría conocer nunca en persona y que pueda conectarse con estas palabras.
No me arrepiento de nada en realidad a esta altura. Eligiendo ser quien soy, eligiendo hacer lo que hago, eligiendo creer en lo que creo estoy acá, a 29 años de haber nacido y con el futuro abierto. Y le invito a Ud a que más que felicitarme, sueñe conmigo en que con nuestra labor de hormiga, con nuestras voces de grillos en medio de la noche vayamos transformando nuestro país, nuestro mundo. Y es un privilegio, el más grande, poder elegir ese camino, ese sueño y poderle invitar a Ud a que lo intentemos. No hacer uso de ese privilegio, la vida, para construir algo que trascienda estas horas de muerte sería un fracaso.
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