Llorábamos tu muerte.
Destrozada la vida, especulábamos con motivos.
Lidiábamos con la misma falta de información con que hoy lidian quince o veinte familias, amigos y conocidos de estas cada día.
Si, Tambito. Quince o veinte grupos humanos anudados a la vida de una persona son golpeados a diario por muertes violentas como la tuya.
Quince o veinte familias, amigos, compañeros, vecinos, necesitan a diario apoyo en su duelo, consuelo a su dolor, apoyo concreto para el golpe económico de la muerte o de la búsqueda de la información.
Y mientras despotricamos o celebramos la altura de todo un sistema partidario reflejada en un tuit, día a día el país se envenena, se pudre, se desespera, se desesperanza, se duele, se harta, se calla, se desarma, quince o veinte familias, grupos de amigos, de vecinos, de conocidos por día.
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lunes, 1 de junio de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Rio revuelto, ganancia de pescadores
¿Quién o quienes hacen plata?
¿Quién crece en imagen?
¿Quién gana margen político?
¿Quienes quedan mal?
¿Qué lugares se vuelven repentinamente zonas de guerra, antes de la entrada de FOMILENIO II?
¿Quienes salen ganando con la compra de más armas, más tecnología, mas asesorías?
¿Qué temas pierden importancia en la agenda política?
¿Quiénes los mueven?
¿Quiénes vuelven a las sombras?
¿Quiénes revitalizan su imagen caída-de-la-moto?
¿Quiénes vuelven, fácticamente y de a poco, al poder?
Demander, solía firmar en Hunnapuh - Comentarios:
Preguntas, tan solo preguntas.
¿Quién crece en imagen?
¿Quién gana margen político?
¿Quienes quedan mal?
¿Qué lugares se vuelven repentinamente zonas de guerra, antes de la entrada de FOMILENIO II?
¿Quienes salen ganando con la compra de más armas, más tecnología, mas asesorías?
¿Qué temas pierden importancia en la agenda política?
¿Quiénes los mueven?
¿Quiénes vuelven a las sombras?
¿Quiénes revitalizan su imagen caída-de-la-moto?
¿Quiénes vuelven, fácticamente y de a poco, al poder?
Demander, solía firmar en Hunnapuh - Comentarios:
Preguntas, tan solo preguntas.
domingo, 28 de septiembre de 2014
De impunidad y la fe.
A una niña de nueve años la violan y la matan. A la gente le duele, le indigna y espera que se haga algo. Por Dios, es una niña, DEBE hacerse algo. Pasan los años y nada ocurre. Los vicios y connivencias perversas de nuestros funcionarios del sector justicia se ponen una vez más en evidencia, con un caso emblemático. Uno de esos en que la gente dice: "bueno, por ser de tal clase, en este caso no harán trampas, no habrán tantas suciedades, tanta corrupción." Pero la hacen. Una vez más, ocurre que sale libre el que debe pagar. Y solo queda la justicia divina. Esa que no vemos, pero creemos que existe, por fe.
Estoy seguro que usted y yo seguramente podemos contar, entre nuestros conocidos, al menos diez casos en los que hay un delito que ha quedado impune. Y eso quizá sin contar las veces que quizá usted también ha sido víctima. Un robo, un asesinato, una violación, un abuso, amenazas, lesiones. Ponga usted sus dedos de la mano y vaya contando casos que sabe que ha vivido alguien a su alrededor. Asusta, ¿no?
Cuando cosas malas le pasan a gente que sabemos que ha hecho algo malo, nos alivia. Cuando se hace justicia, cuando se aparta de entre nosotros a quien ha hecho el mal, alivia. La justicia nos trae esa sensación de que algo va bien en el mundo, que algo funciona. Cuando esto no ocurre, cuando caso tras caso se acumulan grandes velos de oscuridad sobre nosotros, respirar se vuelve más pesado, el andar se hace más difícil. El miedo aparece. Y el miedo es una cosa jodida. Lo mismo paraliza que hace huir o hace enfrentar. Las más de las veces paraliza y hace huir.
Cuando hay impunidad en el ambiente, cuando esa impunidad es tan larga como la lista de víctimas de las diversas tragedias que ha vivido este pedazo de mundo desde su fundación hasta hoy - ojo, que la violencia armada es una tragedia - el miedo es cosa diaria. El miedo a ser uno más al que le pasa algo sin que nadie pueda hacer nada al respecto, el miedo que hace dar gracias a Dios a la gente porque sobrevivió un día más, el miedo que hace huir en medio de una madrugada dejando una casa y cosas atrás para intentar ir a sobrevivir a otro lado.
Y el miedo se puede atizar. Cuando uno está asustado, hasta la cosa más leve puede exacerbar la respuesta que ya está ahí. Y nuestros grupos de interés económico y político saben muy bien esto y lo usan de maravilla. La impunidad nos vuelve víctimas aparte de hacernos vivir con miedo de ser víctimas. De ahí que el caso de Katya Miranda y otros casos emblemáticos son importantes, porque cuando en ellos hay justicia abre una rendija de luz en medio de la tiniebla que amenaza con no cegarnos para siempre. Y ese rayo de esperanza bien vale una vida y muchas vidas, la tuya y la mía, invertidas en la gran lucha por la vida, por la paz, por la justicia y la solidaridad que es la fe suya y mía alineadas y puestas a trabajar.
Víctor
Y, si, la fe es poderosa y mueve montañas cuando se alinea y se pone a trabajar.
Pero esos son otros diez pesos, dicen.
Estoy seguro que usted y yo seguramente podemos contar, entre nuestros conocidos, al menos diez casos en los que hay un delito que ha quedado impune. Y eso quizá sin contar las veces que quizá usted también ha sido víctima. Un robo, un asesinato, una violación, un abuso, amenazas, lesiones. Ponga usted sus dedos de la mano y vaya contando casos que sabe que ha vivido alguien a su alrededor. Asusta, ¿no?
Cuando cosas malas le pasan a gente que sabemos que ha hecho algo malo, nos alivia. Cuando se hace justicia, cuando se aparta de entre nosotros a quien ha hecho el mal, alivia. La justicia nos trae esa sensación de que algo va bien en el mundo, que algo funciona. Cuando esto no ocurre, cuando caso tras caso se acumulan grandes velos de oscuridad sobre nosotros, respirar se vuelve más pesado, el andar se hace más difícil. El miedo aparece. Y el miedo es una cosa jodida. Lo mismo paraliza que hace huir o hace enfrentar. Las más de las veces paraliza y hace huir.
Cuando hay impunidad en el ambiente, cuando esa impunidad es tan larga como la lista de víctimas de las diversas tragedias que ha vivido este pedazo de mundo desde su fundación hasta hoy - ojo, que la violencia armada es una tragedia - el miedo es cosa diaria. El miedo a ser uno más al que le pasa algo sin que nadie pueda hacer nada al respecto, el miedo que hace dar gracias a Dios a la gente porque sobrevivió un día más, el miedo que hace huir en medio de una madrugada dejando una casa y cosas atrás para intentar ir a sobrevivir a otro lado.
Y el miedo se puede atizar. Cuando uno está asustado, hasta la cosa más leve puede exacerbar la respuesta que ya está ahí. Y nuestros grupos de interés económico y político saben muy bien esto y lo usan de maravilla. La impunidad nos vuelve víctimas aparte de hacernos vivir con miedo de ser víctimas. De ahí que el caso de Katya Miranda y otros casos emblemáticos son importantes, porque cuando en ellos hay justicia abre una rendija de luz en medio de la tiniebla que amenaza con no cegarnos para siempre. Y ese rayo de esperanza bien vale una vida y muchas vidas, la tuya y la mía, invertidas en la gran lucha por la vida, por la paz, por la justicia y la solidaridad que es la fe suya y mía alineadas y puestas a trabajar.Víctor
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