domingo, 29 de octubre de 2006

Sobre vientos y recuerdos


El primer frente frío viene con cada cosa...

En algún momento sus vientos fueron señal de alegría, de jolgorio: ¡Ah! época aquella en que mi mayor preocupación era aprovisionarme de los suficientes juguetes para irme a inventar historias en casa de mis abuelos todo el día, cuando era explorador, escalador, científico y el hombre fuerte del circo, cuando me parecía interminable el viaje entre Nejapa y S.S., cuando comía sin culpa, cuando venía la Cristi a la casa y coqueteábamos mientras jugábamos escondelero en la noche, cuando me tocaba rezar el rosario con mi tía, cuando Fran era mi mejor amigo y no mi primo perdido, cuando me gustaba la Mariela y nos enviábamos miradas que bajaban al medio segundo de hechas con una sonrisa tímida, cuando me iba al cerro con Fran por el gusto de subir hasta la ceiba mocha, cuando íbamos a cortar zacate Jaraguá para el pesebre, cuando no tenía melancolía si no dolor de estómago por andar corriendo después de haber comido.

En otro momento eran señal de que estábamos cerca de pasar todo el día con los amigos de la colonia. Ya habría chance de jugar fútbol toda la mañana, de hacer travesuras, de ver a la Kenny, de hacernos retos con los de las colonias vecinas. Era la época donde no sabía si me gustaba Iris, cuando Fran era mi compañero de cuarto, cuando oía Nirvana y empezaba a pensar en la muerte, cuando ya leía poesía, cuando me divertía leyendo a Melitón Barba los viernes en el Diario Latino.

Más tarde serían señal de que venían los entrenos diarios, que había que ver cómo conseguíamos cervezas con la mara de la colonia, cuando nos metíamos a la casa que estaba sola para fumarnos un cigarro a escondidas, cuando yo oía black metal y pensaba en morirme más pronto. Cuando estaba peleado con Dios, cuando Fran fumaba marihuana y yo dormía en otro cuarto, cuando me gustaba la -no recuerdo su nombre, pero era muy bella- y yo me hacía el malo frente a ella. Cuando jugaba a pasarme un cuchillo en la muñeca para ver como se sentía tener cerca la muerte, cuando me comenzó a acompañar el "vale verga".

Luego serían señal de que estábamos cerca de las reuniones de equipo, de preparar el campamento para los bichos, de preparar dinámicas y temas, de verme con la gente que hice el EJE profundo, de pasar oyendo la Astral, de pasar esperando la hora en que podríamos vernos con Kathya. Entonces Fran ya no vivía en mi casa y yo estaba entrando a la universidad, el viento trajo nuevas amistades a mi vida y se llevó algunos recuerdos del colegio. Yo ya no pensaba en la meurte si no en la ausencia de la mujer que amaba. Escrbía cartas kilométricas llenas de ilusiones, poemas cargados de pasiones juveniles, de tristezas e inciertos.

Los siguientes vientos venían cansados de su ausencia, de tristezas. Traían polvos de muerte, traían noches en vela escribiendo poemas impregnados de una persona ausente, traían la resequedad de los ojos que me acompaña y el encogimiento del alma, venían colmados de alcohol a escondidas y en solitario, venían cargados de miradas hacia el sur, de preguntas sin respuesta. Mi vida era la universidad hasta que se podía y mas allá, todo mientras no estuviera solo. Las reuniones eran remansos de calma entre tanta lluvia.

Los siguientes vientos ya no vendrían con alcohol ni muerte, solo esa ausencia prolongada.

Los vientos mas recientes traían alegría, esa esperanza de que el destino inflaba las velas de un amor viento en popa. No había muerte, había menos poesía escrita, había más vida en mi corazón. Fran, adicto, ya era un problema, mi preocupación principal eran las fechas de entrega y encontrar los espacios para estar juntos.

Estos vientos de ahora me han traído una repentina melancolía. Estoy en medio de un reto profesional fuerte, ella se ha ido y su recuerdo se mueve a veces entre las aguas y me causa dolor de estómago. Pienso en evitar la muerte, en aprovechar que se deja vivir la vida, en que los vientos se van llevando el tiempo que se desliza más rápido entre mis manos, en que los vientos traen otra vez ausencias. Que el frío cala en mi alma, que nadie toma mi mano para que no me lleve los huesos que sostienen apenas el armazón de los sueños de amor y vida, que el viento va borrando la silueta que habia en la arena y ahora que queda el desierto amorfo quisiera dibujar otro cuerpo, uno que no desaparezca, uno que le de sentido al vacío.

Debo seguir trabajando. Debo seguir viviendo. Mañana saldrá el sol hará frío, pero asaber que podrá traer el viento.
Habia pensado en escribir sobre otras cosas, pero esto les trajo el viento.
Que tengan una bonita semana.

Victor.


3 comentarios:

karroll dijo...

sabes victor, me remontaste al pasado con tu post, realmente parece que fué ayer.
mis respetos por tus palabras!
buen post

Claudia dijo...

Es increible lo que el viento te puede hacer recordar!..y como pasa el tiempo. Uno cree no cambiar..pero en si..todo cambia y se viven siempre cosas nuevas. Bonitas palabras..tienes talento de escritor!

Animo, se que estas en un periodo de transicion..y aunque el viento te trae melancolia...siempre sale el sol!

En mi caso hay viento, sale el sol pero ya no calienta..jiji..estoy a punto de comenzar un 2do invierno..

Disfruta de ese viento..y los recuerdos!

Saludos!

Soy Salvadoreño dijo...

Justo acabo de escribir un post sobre los vientos de octubre que se sintieron ayer. Me gusto mucho el tuyo!