domingo, 8 de febrero de 2009

Ésta no es una entrada política.




Revisaba cuadernos viejos, buscando unos apuntes de mis clases sobre el árbol de problemas. Hallé papeles viejos, recuerdos de épocas donde las horas que invertía en lo que no era urgente se derretían página a página en libros de poesía. Apuntes de frases que me habían conmovido el alma, esa que hoy parece recubierta de algún grave campo de fuerza que la vuelve casi insensible a las palabras que ayer causaban graves terremotos. Con el tiempo ha ido creciendo alguna fuerza que impide conmoverme a impretéritas frases que otrora causaron profundos estremecimientos en mi alma.
¿Qué ha pasado tanto en la vida que la sensibilidad se esconde tras una corteza de razones? ¿Es la incipiente madurez una etapa para preferir al silencio a los vívidos ruidos matinales, la tranquila manera en que sopla el ventilador a ser movido po las furiosas ráfagas de un huracán de versos? ¿Cómo he de posar hoy la mirada escrutadora, esa incomodante forma mía de ver a quienes me son ajenos y ajemas, si no encuentro excusas en los versos que ayer servían de grilla para colar el mundo? Vaya forma de estar vivo, poeta alguna vez proyectado.
No me he vuelto del todo una máquina de realidad, posibilidad alguna vez temida. Aún tengo capacidad de asombro, cómo esta mañana viendo la cría de tértola que crece en las ramas del limonero. Es solo que la lengua parece haberse paralizado, y una inquietante parestesia ante aquellos poemas me ha estado consumiendo. Hasta hoy, que releyendo a Pound he tenido éstos insights que de una vez he escrito. Es rico sentir de nuevo ese temblor interno, la angustia, el anhelo al encuentro de los versos.
Más tarde quedará tiempo para lo urgente: árboles de problemas, estadísticas, gobiernos que dicen que cumplieron y otras cuatro carambadas. Por hoy, que viva, reviva en mí la poesía!

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación
De no yacer en mí mismo desnudo
Con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón
En un último, austero alarido!

Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:
Sufro -Soy yo.
Ah, extraer de la música el secreto, el tono
De su alarido!

F. Pessoa


La vida es un largo embrutecimiento. La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas; poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario; los mosquitos pueden volar tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles, y cuando deseamos viajar nos dirigimos a una agencia de vapores en vez de metamorfosear una silla en un trasatlántico.

O. Girondo

Victor

3 comentarios:

Carlos Alberto Minero Mendoza dijo...

Me hiciste recordar una frase del Che, más o menos así: "Endurecerse siempre, perder la ternura jamás". Nunca la entendí, porque aun en medio de las acciones más difíciles o el rostro más duro que puedas poner, siempre, una lágrima le puede brindar un acto póstumo de respeto a un amigo; la sonrisa de un bebé te quiebra la amargura más grande; el triunfo de un amigo te bota la tristeza más profunda. ¡Qué fácil sería la vida si todos amaramos la poesía!

Victor dijo...

Carlos: No sé si la vida sería más fácil, porque mirá que eso de los poemas puede ser muy complicado a veces. Pero si, la ternura es necesaria, especialmente si queres transformar una sociedad, sin ternura sos incapaz de ser sensile ante los dolores de quienes forman eso que llamamos patria.

Saludos

Victor

BT's dijo...

Víctor:

Esto que has escrito es, sencillamente, hermoso...

Creo que el adormecimiento, (tu temor a convertirte en una "máquina de la realidad") sólo puede ser consecuencia de constantes achaques del mundo para con tu cuerpo, o mejor, tu alma.

Cuando uno es atacado busca refugiarse... No dejes que tus corazas te ahoguen y te asfixien hasta que sólo quede la piedra.
Uno tarda a veces en descubrir que lo verdaderamente inamovible es lo sensible, lo increíblemente fuerte radica en el corazón, y endurecerse, (afianzarse) no significa consumirse, sino aprender a volar sin necesidad de tener muchos árboles debajo...

Estuve leyendo tus posts sobre política. Por suerte existe una persona que rescata todo lo que los medios, por lo menos aquí en Argentina, no dejan salir a la luz...

Un beso,

Sonia