domingo, 26 de agosto de 2012

A dos años de campaña


No hemos terminado de digerir aún el tema de las resoluciones de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, y el papelón que se echaron a su conveniencia las cúpulas de los partidos políticos para mantener cierto nivel de influencia en dicho órgano del estado y ¡pum!  ya estamos en campaña rumbo a las presidenciales de 2014.

Lo dijo esta mañana Monseñor Escobar Alas: Es ridículo estar ya en campaña cuando faltan dos años para las elecciones. Es desgastante, mucho más con la bajeza con que se suelen conducir las campañas en nuestro país. Más aún con el candidato que va tener más presencia mediática: Norman Quijano, a quien los medios le dedicaran sendas primeras planas.

 Tras varias semanas metidos en esto, la nominación de Quijano - Nylon man, para no olvidar  - se venía retrasando para desespere del sujeto en cuestión y de la caterva de ex funcionarios de pasadas gestiones areneras con que se rodea en la Alcaldía de San Salvador.

Nylon man, para no olvidar
Una vez nominado el sujeto de la caricatura, nos dimos cuenta de dos cosas: una, el apoyo mediático sigue estando ahí, los medios van dándole seguimiento y le dedican espacio suficiente para hacernos saber quien tiene el beneplácito de sus propietarios. Segunda, su discurso será más recalcitrante y fundamentalista que sus antecesores. No cuesta adivinarlo: baste recordarle como diputado y sus declaraciones sobre los más variopiuntos temas, y sus anteriores campañas, sus berrinches y grandilocuencias y su manera que raya en lo insultante de referirse a sus adversarios y no-simpatizantes.

Con esta nominación, y la anterior nominación de Sánchez Cerén por parte del Frente, queda abierta la campaña por las presidenciales. Ya estaba abierta desde antes, pues acá todo se conduce al ruedo electorero, pero ahora y gracias al seguimiento al pie que harán las empresas periodísticas más grandes del país tendremos Norman hasta en la sopa. Y falta aún que entre Saca con su propio poder mediático que le ha mantenido en el "top of mind" mediante programitas de historia, motivación, autoayuda y demás yerbas en cada radio a la que tiene alcance.

Hoy, a dos años de las presidenciales, pareciera más vertiginosa esta vorágine electorera. Sin importar cuál sea el tema, cúal sea el ruedo en donde se debaten los de siempre, todo se lleva a los cauces de las votaciones. Y así vamos como país, en la espiral de la partidocracia, de la cupulocracia, vamos cada vez más rápido, distinguiendo cada vez menos y ahogándonos cada vez más.

Víctor

lunes, 23 de julio de 2012

9 años de mano dura



Esta mañana, recordaba gracias a un tweet del historiador Carlos Cañas Dinarte, que 9 años atrás, en una noche como esta, iniciaba oficicialmente la implementación del Plan Mano dura por el trístemente célebre ex presidente Francisco Flores Pérez.

Encontré este artículo de la revista Proceso, que solía editar el CIDAI de la UCA (una lástima que desapareciera); valga recuperarlo para recordar que no es de ahora que se viene preguntando por los planes de reinserción, por las estrategias de prevención y el respeto a la constitución con estas movidas publicitarias.

Como bien lo narran los de El Faro en el video, el "manodurismo" no trajo sino una complejización y un agravamiento del operar de las pandillas. No solo en cifras de muertes llegamos a ver una duplicación, si no además un incremento en el dominio territorial y de generación de miedo en la población (no hace mucho lograron un gran impacto con un llamado a "toque de queda", ¿recuerdan?). Un fenómeno social con raíces estructurales, culturales, económicas, sociohistóricas, etc. fue abordado (y sigue siendo abordado) con un simplismo patético. El reciente intento de negociación con los líderes de las pandillas y la aparente tregua que ha logrado tanta atención mediática es solo una vuelta más a una rueda de caballitos a la que las autoridades y algunos medios parecen venirse montando nomás cuando conviene.

9 años más tarde, seguimos viendo un circo en el que lo único que ha cambiado es el número sobre la escena.

Víctor

Orillas del Acelhuate y otros crecimientos

Algunos hechos recientes me recuerdan cómo a la orilla del Acelhuate crecen milpas hermosas, berros verdísimos y gordísimos rábanos.

En general últimamente me encuentro por demás escéptico ante todo lo que va ocurriendo. Y es que al menos para mí, los usualmente finísimos hilos con que usualmente se mueven todas las cosas en estos lados van quedando cada vez más claros. La gente nuevamente va quedando en dos roles: los excluidos de siempre y los azuzados de toda la vida. Fuera de ellos, las fachadas, las máscaras en el baile sempiterno de la lucha por el más mínimo resquicio de poder sigue teniendo cada vez rasgos más grotescos, más simiesco el gesto, más burlesca la carcajada fingida.

Foto de Mauro Arias, de El Faro (La economía del agua muerta)
Traigo a colación lo del Acelhuate por que con todo y lo novedoso y esperanzador que pueda resultar ver a los  movimientos ¿ciudadanos? de reciente cuño, con ellos me ocurre con la verdura nacida a orillas del río donde va parar toda la inmundicia de la capital; se verán hermosísimos cuando se venden a orilla de la carretera, pero igual se sabe que por dentro llevan alguito de lo que corre a la orilla donde han surgido. 

Independientemente del color de camiseta que se les ocurra poner, de los sagrados símbolos que se les ocurra "apropiarse" para dejar visible sus propuestas, demandas, consignas, etcéteras, con las formas novedosas u ortodoxas de hacer explícita su inconformidad o aquello que dicen defender, igual y da la sensación de - para quien no compra a ciegas - un poquito a las heces y demás linduras que corren por ese símbolo de la ausencia de límites al poder y a todo lo que pulula alrededor de ello.

Valga decirles, como a todos los seleccionadores que vengan, les aplicaremos el cliché de "hay que darles el beneficio de la duda", nomás un tiempito más para que se vea con más claridad el color del fustán.
Más allá de eso, quedarán preguntas, como siempre: ¿Adonde encontrar un signo de esperanza? ¿en el hastío de la gente? ¿en el descrédito de los actuales políticos? ¿en que la salida a la calle sea ahora un recurso "in"?


Sin ser un experto, pero con mi atrevimiento usual, digo que pienso que la esperanza siempre estará un poco más allá, adonde no apunten las cámaras. Muy seguramente alrededor suyo y quizás no se ha dado cuenta. Lo más seguro es que esté ahí, donde siempre, donde menos obvio nos resulta: en nuestras propias acciones, si es que elegimos tal alternativa.

Eso, de la constitución y demás linduras hablamos otro día.

Víctor

domingo, 24 de junio de 2012

De irse, de dejar huella


Vengo trabajando de un tiempo acá con un grupo de gente. Gente buena, que es lo más justo que puedo decir de ellas y ellos. Mi labor es facilitarles un proceso donde desarrollen sus capacidades para ayudar a otros, unos otros en especial condición de vulnerabilidad y exclusión. Mi trabajo es sencillo: debo transmitirles herramientas para que puedan ayudar, que sepan escuchar y acompañar, que sepan como organizarse para actuar en conjunto y dar una ayuda más efectiva. Es simple y directo. Saber ayudar.

Pienso en esta gente y su voluntad de ayudar. Cómo desde su fe parten al encuentro de algo más. Veo como atraviesan su vida y se encuentran consigo mismos en el proceso. Los veo organizarse cada vez mejor. Los encuentro conscientes de donde están y hacia donde quieren ir. Los siento cada vez más cerca del punto en donde debo dejarlos ir.

Dicen que el momento más alegre para quien ayuda debe ser cuando no es más necesaria su presencia. Ayer les decía eso, que hay que saber cuando irse. Llegar es accidental muchas veces, es cuestión de azar más que de otra cosa. Por eso saber llegar no siempre es materia de estudio. Cualquiera llega. Saber irse es lo difícil. Y eso que la vida es una constante despedida. Queda atrás gente, lugares, cosas. Queda atrás parte de nosotros. Mucho de eso no podemos elegirlo, simplemente pasa. 


Pero de cuando en cuando podemos elegir cuando irnos de la vida de algunas personas. Podemos elegir irnos de ciertos grupos. Podemos dejar incluso algunas partes de nosotros mismos. Y hay que saber hacerlo. Ser conscientes de la huella, del recuerdo. Sea que enttremos a ayudar a alguien, sea que formemos parte de la vida de esa persona por un tiempo. 


A varios de Uds. les he dicho que solo espero dejar una buena huella en el mundo. Espero que, de quienes me he despedido, de quienes me he ido, haber dejado una buena huella. Que de mi paso por sus vidas quede un motivo para sonreír. Que de mi paso por el mundo quede algo que valga la pena. 


Ojalá y esa idea la compartiéramos como generación. Que de nosotros pudiera decirse que mandamos a la mierda las estructuras que acaban en cúpulas, que eliminamos las pésimas tradiciones, que nos deshicimos de las corruptas formas. Hay que empezar a aprender a ayudarnos. 


sábado, 26 de mayo de 2012

Ernesto

Como si nada, viejo. Van ocho años desde que te vi por última vez. Se dice fácil. Pero lo que serías hoy. Un día de estos pensaba que quizá te habría buscado para el proyecto que va empezando en mi trabajo. No le habrías aturrado la cara. O quizá estarías fuera, estudiando. Quién sabe, a estas alturas de la vida todo es una interrogante, y gente como vos era una certeza, una fuerte esperanza.


Chema dice que a nosotros, tus amigos, tu muerte debe animarnos a la lucha contra la impunidad, contra la muerte. También debemos pelear contra el olvido, contra la facilidad de olvidar las víctimas silenciosas de las muertes que se han venido y se irán regando en el país si nos quedamos de brazos cruzados.


Hace falta gente como vos, ¿sabés? colegas y compañeros que no le hagan asco a hundir las patas ahí donde la gente las tiene hundidas. Gente que se comprometa a algo más, a transformar el mundo que tienen alrededor, aunque sea con un cambio de actitud. Ya no se diga la falta que hace gente que acompañe, que sea agente de cambio adonde vaya.

Hoy conozco a una de tus ex profesoras, que también te recuerda mucho en estos tiempos. Ella y yo, todos los que te conocimos sabemos que tenías un tu algo que dejarle al mundo. Hasta hace poco no había caído en cuenta que hace 10 años estuvimos en Morazán, en casa de Rufina. Cómo nos cambió la vida desde entonces, cuanta lección aprendida, cuanto sueño que quisimos realizar y no pudimos. Hoy veo a la mara, a la que fuimos en ese viaje, los veo en el facebook, mayores, en otras ondas. Veo la foto de aquel lejano 2002, pienso en como nos marcó distinto a cada quien tu partida. Quizas hoy, diez años después de ese primer viaje donde te conocí, ocho años luego de tu viaje sin retorno, tu recuerdo permanece por lo sencillo del mensaje que nos dejaste a cada uno. 

También pienso en tu mamá y el dolor de saberte demasiado lejos, en esa sensación de haber sido arrancado un pedazo de corazón. Pienso en las mamás de tantos cipotes a los que le han cortado la vida. Pensaba en cómo se vería, desde arriba, esta ciudad con las luces apagadas y cada una de las personas que conociera a alguien que ha fallecido por la violencia que campea en este país desde principios del siglo pasado. Sería una gran llamarada. Y es que eso, tu muerte y las muertes de cada persona que perece por la violencia debería iluminarnos el camino. En medio de esta hora oscura, evitar que mas cipotes como vos perezcan, por los motivos que sean, debería ser nuestra luz, nuestro motivo.

Víctor