viernes, 3 de noviembre de 2006

El niño interior o el "inner child"

Ahora, cavilando sobre algunos aspectos que constituyen el objeto de investigación de mi trabajo de graduación, recordé algunas cosas de las que hablamos en las materias correspondientes al área clínica de mi carrera, algo que no resulta raro puesto que muchos de los procesos inherentes a la familia del migrante son más fácilmente abordables desde una perspectiva clínica e individual que hacerlo desde una visión psicosocial. En fin, rollos teóricos que no vienen al caso ahorita. El asunto es más personal.

Dando vueltas entre esas reflexiones epistemológicas, me di un mi rato de solaz y me puse a ver mis caricaturas del día; en el lector de feeds tengo el enlace a dos caricaturas que me encantan: una Calvin & Hobbes (en gocomics) y la otra es El bueno de Cuttlas (en el diario 20 minutos). Pues como tenia un buen tiempo de estar trabajando decidí ver otras caricaturas de Calvin & Hobbes, que tenía ratos de no revisar (por lo general veo más a El bueno de Cuttlas, me deja pensando un mi rato); entre las que vi, me llamaron la atención algunas que les pongo a lo largo del post (hagan click en ellas para verlas más grandes).


En uno de sus poemas Girondo dice que su abuela le decía:
"La vida — te lo digo por experiencia — es un largo proceso de embrutecimiento. [...] La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita, saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle la mano al señor gato, y más tarde, al sentir deseos de viajar, tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de metamorfosear una silla en un transatlántico"
En la materia introductoria al área clínica, la catedrática (de quien guardo un muy buen recuerdo) nos hizo ver una película que yo no habría visto de otro modo, la película en cuestión se llama "The Kid" (O, en su pésima traducción: "Mi encuentro Conmigo"). A rasgos generales, la película se trata sobre un asesor de imagen infeliz e inconforme consigo mismo, que recibe una segunda oportunidad en su vida cuando se encuentra misteriosamente con un niño de ocho años que es una versión indeseada de sí mismo. Es bastante bonita la película, y las reflexiones que surgieron de ella fueron de lo más interesantes: la importancia de estar conectados con ésa parte de nosotros mismos, las implicaciones que conlleva el aplacar a nuestro niño interior, las manifestaciones que éste tiene en nuestra vida diaria y su contribución a nuestro bienestar, etc.

En una materia siguiente, que trataba sobre el tratamiento clínico del niño, la catedrática nos lanzó una interrogante: ¿De qué manera seguíamos siendo niños? Como yo siempre he andado de "participativo", pues me aventé y conté a la clase que en ocasiones, cuando voy por las calles de la colonia hacia mi casa, me encuentro una almendra, o una piedra, y me voy dándole patadas por toda la calle hasta llegar a la casa. Justo algo que hacía desde pequeño. O que a veces en el tránsito por las mismas calles cuando está lloviendo y ando a pie, en lugar de quedarme bajo el techo de alguna cochera, esperando a que amaine el aguaje, me voy caminado y chapoteando en los charcos que se forman. Algo que también hacía de niño.


Bien, resulta que si, esas eran dos manifestaciones de mi Victor niño, pero era un poco más que eso. Ella resaltaba de mi ejemplo y de otros, cosas que caracterizan o deberían caracterizar a los niños: la espontaneidad, la expresividad de sus emociones, la creatividad, la capacidad de no tomarse todo en serio, lo rápido que captan lo esencial de las cosas, su autenticidad, su humildad, la capacidad de admirar las cosas y a las personas, etc. Seguramente a uds. se les ocurrirán otras, y no las verán necesariamente positivas, estamos profundamente sesgados por esas introyecciones de lo que debe ser un adulto. Y a éso hacía referencia la Lic., a cómo con el tiempo las exigencias de la adultez constriñen a nuestro niño interior: a ése que cuando tiene hambre pide comida, cuando necesita cariño va y lo busca, que cuando quiere jugar inventa miles de cosas para divertirse.


Me ponía a pensar cómo con el tiempo he ido perdiendo a mi Victor niño, y como reconectarme con él me ha ido facilitando muchas cosas. Diversas circunstancias que ocurrieron en el pasado llevaron en algún momento a desconectarme en muchos aspectos de esa parte de mi. Como a much@s, la exigencia era volverme una suerte de adulto en pequeño y entre más me ajustaba a ésa imagen, mucho mejor.


Pensaba cuan jodido ha sido ir por la vida atrapado en papeles y máscaras, en sintaxis y normas, sin conciencia de que ellas me han llevado a negarme a mí mismo. Y cómo todo eso ha ido cambiando al conectarme con mi yo niño, de cuan auténticas se vuelven muchas experiencias al recordar esas lecciones que como niño puedo darme ahora que soy un adulto:

- Que para jugar bien hay que sacar todos los juguetes del cajón

- Jugar con alguien más es divertido, y hay muchas cosa que hacer

- Si te toca jugar solito hay muchas cosas que hacer y si no podés inventarte de nuevo a Binky (era mi amigo imaginario, antes que naciera mi hermana). O mejor aún, podés buscar alguien nuevo con quien jugar.

- Que si tratás bien a la gente, la gente te tratará bien tarde o temprano.

- Que decir que querés a alguien te hace sentirte bien.

- Que siempre hay tiempo para divertirse.

- Que comer lo que te gusta aunque sea un poquito es mejor que comer un montón de lo que no te gusta.

- Que llorar hace bien.

- Que siempre hay algo que ver en el mundo: las hormigas cargando hojas, las lineas en las hojas de las plantas, las formas de las nubes...

- Que a los amigos hay que verlos seguido.

- Que la comida es mas rica cuando la compartis o la comparten con vos.

- Que cuando una canción te gusta debes cantarla.

- Que si crees que decir la verdad es correcto, debes de hacerlo.

Yo saco esas lecciones. Ustedes hablen con su niñ@ interior, con es@ que fueron alguna vez y pregúntense que lecciones les deja. Pero que sean las lecciones de ése niñ@, no del adulto que les cuidaba y les decía que hacer o que no. Escuchense a uds. mism@s.

Como colofón les dejo una frase que encontré por allí:

"No dejamos de jugar porque envejecemos,
sino que envejecemos porque dejamos de jugar"



Jueguen y Brillen, loc@s diamantes.
Feliz fin de semana.



Victor

3 comentarios:

Aniuxa dijo...

Ains qué bonito. Mi amiga imaginaria no me acuerdo el nombre pero era de Japón :P

Si las estrellas... dijo...

mm yo no tuve amiguitas imaginarias ni amiguitos.. solo tenia los libros de mis papas... he hice lo que pude con elos, asi ahora de adulta, ya puedo jugar !

Aldebarán dijo...

Muy buen post, sin excesos y explicativo. Gracias por recordarme cosas que hace algún rato había olvidado.

¡A sacar a pasear al niño! Nos vemos en el parque