lunes, 24 de marzo de 2008

A propósito del 28 aniversario del martirio de Monseñor Romero


Vitral en la Parroquia de Jucuarán



¿Y hablaron esta vez sobre el proceso de canonización?
No con el Papa, pero sí se trató con la oficina que lleva el caso, que es la Congregación para las Causas de los Santos. Se habló de dos temas, de dos mártires. De Monseñor Romero y de uno del que casi nunca se habla, que es el sacerdote italiano franciscano Cosme Spessotto, asesinado en la diócesis de Zacatecoluca en 1980. Fueron los únicos temas de una conversación que duró más de una hora, y a la que asistió el equipo en pleno de la congregación, con el cardenal José Saraiva al frente, un portugués que es el prefecto.
El domingo veíamos con mis papás un documental del Discovery llamado Santidad en el Siglo XXI. Pusimos el tele cuando el programa ya habia comenzado y al poco tiempo de haberlo encendido salían los casos de los mártires y mencionaban el caso de Mons. Romero como ejemplo paradigmático de martirio en una época reciente. Se le preguntaba a un sacerdote - que luego declararía ser parte del Opus Dei - porque casos como el de Mons. Romero no avanzaban en el proceso de canonización y el referido sacerdote señalaba que mucho se debía a que los encargados del proceso no entregaban con celeridad la documentación necesaria. Decía él que para presentar el caso de Josemaría Escriva de Balaguer, fundador del Opus Dei, se habáin llevado grandes cantidades de documentos certificando los motivos por los cuales se le presentaba para ser elevado a los altares como ejemplo de vida cristiana, que es en términos muy generales lo que implica que se declare santo a alguien.

Llamó mi antención especialmente lo que decía el sacerdote, y más aún cuando leí la entrevista de la edición de ésta semana de El Faro donde se entrevista a David Morales, quien trabajó en Tutela Legal del Arzobispado, y que estuvo ligado al proceso legal ante la CIDH por el caso de Mons. Romero mientras trabajó en dicha institución. Especialmente llamativo resultan los señalamientos de dicho abogado de que Mons. Sáenz Lacalle, ha buscado favorecer al Estado salvadoreño en el litigio por el caso de Mons. Romero en las fases más recientes del mismo.


Más llamativo resulta entonces que el Papa Benedicto XVI reconozca a Mons. Romero como fruto de vida cristiana y santidad ante los obispos salvadoreños que llegaran a entrevistarse con él y que en su camino a Aparecida lo reconozca como alguien que da testimonio de la fe, un mártir.

Me detengo a señalar ésto porque más allá de la fecha, que da lugar a recordar el testimonio de sangre de Monseñor, está la necesidad de la que habla Mons. Rosa Chávez de que la Iglesia Católica se vuelque a la necesidad de volverse un ente transformador de la realidad. Llama la atención porque el ejemplo llameante de Monseñor Romero, su inclaudicable radicalidad - radical en el sentido de ir a la raíz y no andarse por las ramas - ante la realidad y su constante impulso a transformar lo que pudiera de la misma aunque sea con el gesto más pequeño; todo esto contrasta con la actitud de ciertos miembros del clero que buscan mantener buenas y pacíficas relaciones con grupos en el poder antes que tomar con fuerza la bandera de la justicia, algo justo y necesario para transformar el mundo en algo que sea cercano a ese Reino de los Cielos que proclamamos en muchas de nuestras oraciones.

Mas allá del chambre lo cierto es que los mártires salvadoreños: Monseñor Romero, el Padre Cosme, las hermanitas de Mary Knoll, Rutilio Grande, los Jesuitas y tantas y tantos otros que dejaron su sangre como testimonio de esa fe transformadora del mundo, son y siguen siendo un signo para nosotros, un faro que apunta hacia adonde debemos caminar para hacer del país y del mundo un lugar mejor.

Jesucristo asumió la responsabilidad de que su mensaje no vendría a fomentar la unidad, si no la división y que tendría consecuencias para él. Monseñor Romero, el Padre Cosme, Rutilio, y tantos otros asumieron tambien esas consecuencias. Y su ejemplo pervive en la memoria de la gente, se les considera ejemplos, testigos, testimonios, mártires pues. Y mas allá de los nombramientos y de los procesos legales, ellos seguirán dando fruto en éste pueblo, muy a pesar de quienes quieran dejarlos en el absurdo de un supuesto perdón y olvido que constituye una base de las que sostienen la locura sin esperanza de nuestro país en éstos nuestros días.

Tomemos pues el testimonio de nuestros mártires, y de nuestro santo y sigamos sus huellas, que queda mucho por hacer.

Feliz semana.

Victor

1 comentario:

meol dijo...

la verdad es que el proceso de canonizacion de Mons.Romero va bien, el problema es que el arzobispo de San Salvador que es el encargado por enviar toda la informacion al Vaticano no se preocupa por agilizar..